

Muchos la han considerado como una de las mejores películas de Hitchcock. Afirmación que –a mi entender– es harto complicada. No obstante, tiene algunos rasgos que, efectivamente, la hacen única. Sobre todo, por lo que llamaré su “eficacia”.
En líneas generales, y para sintetizar la obra en este breve comentario, podemos hablar de los siguientes rasgos que hacen de Encadenados una película de increíble efectividad:
Un guión cerrado y fuerte. Algo más cuestionable con respecto a las motivaciones e impulsos de los personajes, pero sin duda redondo.
Dos magníficos actores protagonistas; y dos antagonistas más que a la altura de las circunstancias.
La cámara, libre –“suelta” – y dirigista: aberraciones, zooms, panorámicas…
Un montaje ágil y animoso, especialmente fundamental en los momentos de narración paralela, contribuyendo eficazmente al suspense.
En general, la película es “eficaz” porque logra sobradamente atar al espectador a su silla; y porque se permite el lujo de tratar hondos temas relativos al ser humano –la propia redención, el amor– en una película de espionaje de corte hiper clásico.

Es lugar común que nos encontramos ante el ‘gran mago del suspense’. Pero no por ello es menos cierto. Valga como ejemplo saber que había podido ver la escena del champaigne hasta en tres ocasiones anteriores, y sin embargo en ésta –la primera vez que veía la película entera– he vuelto a vibrar de emoción y miedo. Otros aspectos memorables: el planteamiento de la historia por la rendija de una puerta; la presentación de Alicia; la relación entre Alex y su madre; la huida de la casa con el merecido de Sebastian…
Dejo la emocionante secuencia del champaigne y la bodega. Es un brillante ejemplo de cómo marcar una cuenta atrás dramática sin un reloj, ni el cronómetro de una bomba…



