Archivar como 10 diciembre 2008

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Encadenados (Notorious), A.Hitchcock, 1946

10 diciembre, 2008

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Muchos la han considerado como una de las mejores películas de Hitchcock. Afirmación que –a mi entender– es harto complicada. No obstante, tiene algunos rasgos que, efectivamente, la hacen única. Sobre todo, por lo que llamaré su “eficacia”.

En líneas generales, y para sintetizar la obra en este breve comentario, podemos hablar de los siguientes rasgos que hacen de Encadenados una película de increíble efectividad:
Un guión cerrado y fuerte. Algo más cuestionable con respecto a las motivaciones e impulsos de los personajes, pero sin duda redondo.
Dos magníficos actores protagonistas; y dos antagonistas más que a la altura de las circunstancias.
La cámara, libre –“suelta” – y dirigista: aberraciones, zooms, panorámicas…
Un montaje ágil y animoso, especialmente fundamental en los momentos de narración paralela, contribuyendo eficazmente al suspense.
En general, la película es “eficaz” porque logra sobradamente atar al espectador a su silla; y porque se permite el lujo de tratar hondos temas relativos al ser humano –la propia redención, el amor– en una película de espionaje de corte hiper clásico.

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Es lugar común que nos encontramos ante el ‘gran mago del suspense’. Pero no por ello es menos cierto. Valga como ejemplo saber que había podido ver la escena del champaigne hasta en tres ocasiones anteriores, y sin embargo en ésta –la primera vez que veía la película entera– he vuelto a vibrar de emoción y miedo. Otros aspectos memorables: el planteamiento de la historia por la rendija de una puerta; la presentación de Alicia; la relación entre Alex y su madre; la huida de la casa con el merecido de Sebastian…

Dejo la emocionante secuencia del champaigne y la bodega. Es un brillante ejemplo de cómo marcar una cuenta atrás dramática sin un reloj, ni el cronómetro de una bomba…

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Enrique V, Kenneth Branagh

4 diciembre, 2008

Kenneth Branagh es famoso, con razón, por sus magníficas adaptaciones al cine de algunas obras de William Shakespeare. Probablemente recordaréis algunos títulos, verdaderamente buenos, como “Mucho ruido y pocas nueces” o “Hamlet”. Aunque, en mi opinión, “Enrique V” es el mejor, con diferencia.

Además, Branagh es uno de los mejores actores que se hayan visto en la pantalla. Hay un emocionante e inolvidable discurso en “Enrique V” que pone de relieve sus grandísimas dotes interpretativas. Se trata de la arenga de la batalla de Agincourt, en el día de San Crispín. Os dejo la secuencia, y el texto en dos idiomas (Eh, merece la pena verlo… y leerlo).



A veces se ha criticado a Kenneth Branagh que su cine es “teatral”. Y no es infundado. Fiel a la tradición escénica de la que proviene, en muchas ocasiones se muestra partidario de plantar la cámara y dejar que los actores se muevan sobre el escenario. Con respecto a los diálogos, ni se molesta -matices aparte- en adaptarlos. Incluso hay un narrador que se dirige directamente a la cámara. Las expresiones tienden a ser historiadas y pomposas. Todo suena a un inglés entre rancio y clásico… como de Shakespeare, vaya.

Pero Branagh ha demostrado que su cine no es un teatrillo. Y para refrendarlo, valga el ejemplo de la última secuencia de “Enrique V”, en la que el Rey -agotado por la lucha, pero animado por la victoria­- inicia la recogida de los cadáveres del campo de batalla, mientras sus hombres dan gracias a Dios, entonando el himno “Non Nobis”. Se trata de un larguísimo plano-secuencia (unos 4 minutos sin corte de plano) de una belleza única. Es de esos momentos “mágicos” del cine, que dejan la carne de gallina y los ojos vidriosos por la emoción.



Por cierto, es otra película que hay que ver.

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