
Contiene spóilers.
“Nueve Reinas” tiene dos ingredientes que la hacen sorprendentemente fuerte e inolvidable. Por una parte, el guión, que es sensacional. Complicado y retorcido, todo el ovillo se deshace con un leve tirón de una hebra suelta, al final de la película. Incluso si uno ve la película por segunda vez (cuando ya nada esconde su cara oculta), se lo pasa en grande intentando reconocer cada detalle, cada suceso, cada expresión y cada línea de diálogo de forma diferente a como la había hecho la primera. Por otra parte, los actores. No hay palabras para describir su trabajo en esta historia. Es gracias a ellos que la película funciona a las mil maravillas. Es gracias a ellos que uno sufre con Juan y se alegra con Sebastián, por el mismo rostro. Sufre con Valeria y con Fede. Y disfruta de la venganza contra Marcos. Porque todos ellos -del primero al último- nos han cautivado. Nos hemos creído su historia y la hemos vivido con ellos.
Una secuencia genial: Marcos explica a Juan -o Sebastián- cómo el mundo está lleno de estafadores, timadores y ladrones (mientras un trajín de manos y pies va saqueando bolsos, carteras y coches); y le encarece a que ande con cuidado, que uno no puede fiarse de nadie…




