Que conste, antes de nada, que ni conozco a Antonio Sánchez-Escalonilla, ni me llevo comisión alguna por libro vendido. Quién pudiera. Llevo meses con él (el libro), sin embargo, la falta de tiempo o la dedicación del mismo a otros asuntos me ha impedido terminarlo.
Sin embargo, con lo leído y escuchado de buena mano,puedo asegurar que Fantasía de aventuras, claves creativas e novela y cine es un ensayo sobresaliente. Una guía fabulosa para cinéfilos, escritores y guionistas, que aborda la construcción de relatos fantásticos de aventuras desde diferentes perspectivas: repaso histórico a través de sus orígenes, pioneros del género, análisis de las obras de escritores y directores como James M. Barrie, C.S. Lewis,J.R.R. Tolkien, Roald Dahl, J.K. Rowling, Steven Spielberg, M. Night Shyamalan, George Lucas, Tim Burton… a través de una concordancia temática que a su vez despieza temáticas como el heroe, el enigma, la muerte, la nostalgia, el paraíso y la búsqueda del hogar entre otros. Además de repasar las polémicas diferencias entre los subgéneros propios de la ciencia ficción y los de fantasía; las diferentes clasificaciones y características de importantes teóricos…
Según el autor puede entenderse el género híbrido de fantasía de aventuras (subgénero de fantasía o subgénero de aventuras) como:
“Aventura protagonizada por héroes que comparten la experiencia ordinaria de lectores o espectadores y que, mientras acometen una misión, llevan a cabo un viaje de exploración en un mundo secundario de fantasía o bien mantiene un encuentro con seres fantásticos, al tiempo que perciben lo maravilloso en cuanto extraordinario.“
Los lectores ya saben de sobra que Pixar es, probablemente, una de mis mayores fascinaciones cinematográficas. La capacidad de crear grandes historias y personajes inolvidables, el don de trabajar con una belleza estética excepcional y la responsabilidad que manifiestan al llevar a los espectadores a ser partícipes de valores positivos -a ser mejores personas, en el fondo- hace a esta casa merecedora de mi más profunda admiración. (Esto lo expliqué detenidamente en un artículo titulado ‘Cuando todo es posible en el Cine‘, para Cinemanet).
La noticia me llegó hace pocos días, gracias a mi suscripción al canal de Disney-Pixar en YouTube y su perfil en Facebook: la compañía se expande a Canadá, concretamente a Vancouver. Con este motivo, nació el vídeo que presento a continuación, que explica las causas, motivaciones y aspiraciones de este movimiento empresarial. Una vez más, los jefes de la lamparita me dejan boquiabierto, en esta ocasión por sus declaraciones relativas a lo que en Pixar esperan de sus trabajadores, y en el fondo, de su propia profesión. Dejo dos citas para recordar:
Quality is our best business plan. (John Lasseter, Chief Creative Offcier, Walt Disney and Pixar Animation Studios).
Everything we touch needs to be excellent. (Ed Catmull, President, Walt Disney and Pixar Animation Studios).
Y termino citando de nuevo al siempre genial Lasseter: Every artist is focused on breaking new ground, making characters that people love, the most entertaining films we can. And it’s that spirit that we continue to grow and we decided to take that spirit and open an animation studio in Canada. Mi conclusión: quiero trabajar para Pixar.
Seguro que a todos llamó la atención la coincidencia -en el tiempo, en el argumento- de dos películas del año 2006, que danzaban entre prestidigitadores y bambalinas de teatro: “The Illusionist” y “The Prestige“.
Dos historias que comparten un mismo carácter rocambolesco (término que se refiere a “lo fantástico, complicado y lleno de peripecias”). Y, al mismo tiempo, comparten también un cierto tono de carambola: porque en los dos casos se narran acontecimientos que, combinados entre sí de un modo complejo e intrincado, acaban resultando en un final sorprendente y revelador (ver anagnórisis) no exento de cierta casualidad y coincidencia azarosa.
Sin embargo, a mi modo de ver, estos finales se exceden en su afán de complicación, obligando al espectador a hacer todo un esfuerzo mental de conexión de datos y detalles, para acabar en esa placentera sensación del “ahora lo entiendo todo”. De hecho, ambas películas dedican sus minutos finales a recordar al público -de forma necesariamente explícita- cuáles han sido los momentos clave del metraje para poder comprender el desenlace. Es una puesta en práctica muy elaborada (se da con mucha mayor maestría, por ejemplo, en la increíble “Sospechosos Habituales“) de la clásica herramienta dramática del “sembrar y recoger”: dar pistas con cuentagotas para que al final el público pueda atar los cabos. Esto resulta eficaz, en parte. Porque al final, el grado de complicación -rocambole, carambola- es tal, que acaba necesitando de una revelación explícita en exceso, ajena a toda forma de sutilidad, y sin esa fuerza provocadora que tabaja sobre la intuición del espectador. Tanto nadar, para morir en la orilla.
Paul Haggis es director y guionista. Sin embargo, es su faceta de escritor con la que más éxito ha acumulado. Y con razón. Firma obras de colosal calibre tales como: Million Dolar Baby, Flags of Our Fathers, Letters from Iwo Jima, Crash… Para muchos, uno de los tres mejores guionistas vivos. Quizá por ello sería bueno escuchar lo que tiene que decir.
Por cierto, curioso binomio el de Eastwoody Haggis.
The butterfly circus es un cortometraje escrito por Joshua Weigel y dirigido por él mismo junto con su hermana, Rebekah Weigel. Protagonizado por el exitoso Eduardo Verástegui en la piel de un peculiar director de circo y el no menos famoso Nick Vujicic, como aprendiz en busca de respuestas. Una obra que ejemplifica la máxima que dice que la técnica, la profesionalidad y la calidad humana deben y pueden ir de la mano. Uno de los cortometrajes más completos que he visto basado en una historia que necesaria y maravillosa.
“Cuanto más grande es el reto, más grande es la gloria.“
Vayamos a otro clásico irrefutable, a un nuevo paradigma de buen cine y mejor guión: una de las más brillantes obras de Sidney Lumet, 12 angry men (1957).
Un cuarto. Doce hombres. Una hora y media. Su razón, su dialéctica y su ingenio. En eso se resumen los elementos que participan en la historia de la deliberación final de un jurado popular ante el caso de un asesinato.
No conozco ni una sola persona que se haya sentido decepcionada con esta película. Es cierto que se perciben aires teatrales en el relato, y que la forma de contárnoslo podría resultar un tanto estática, pero a la postre los estupendos protagonistas resuelven el lúcido guión -inolvidable “duda razonable”- con pavorosa eficacia. Henry Fonda, por supuesto, se lleva la palma. Y la fotografía del antológico Boris Kaufman logra generar esa atmósfera absorbente y llena de intensidad que, sirviéndose de los peculiares ángulos de Lumet, termina provocándonos sensaciones algo claustrofóbicas.
El juego de los puntos de vista intradiegéticos es una herramienta atractiva en la escritura de guiones. Aporta, entre otras cosas, una base de suspense e intriga que puede a su vez inflarse con un adecuado uso de la voz en off. Un ejemplo característico que me viene ahora mismo a la mente es la obra maestra de Bryan Singer titulada Sospechosos habituales. En el caso de la obra del neoyorquino, se trata de un modo deliverado de ocultar información al espectador y conseguir un clímax brillante (de los mejores que he visto) al mostrar la verdadera identidad del asesino. El cortometrista Kike Maíllo, en cambio, hace uso del punto de vista para secundar una propuesta temática más que un desarrollo narrativo. Pero, en ambos casos, se guarda para el final un tipo de información relevante o decisiva de la historia.
«El guionista siempre ha sido una figura desprestigiada y esto tiene que ver con la propia naturaleza del guión, que no está hecho para perdurar sino para morir, debido a su naturaleza efímera ante la fuerza que tiene la imagen. Y el guionista tiene que contar con ello.» P. Echart.
Interesante entrevista-charla en la que explican y opinan de forma amena y clarificante acerca de temas como el cine en el ámbito escolar y universitario, la necesidad de aprender a educar la mirada, el cine de autor, las diferencias entre guión cinematográfico y televisivo, la figura del productor ejecutivo, argumentos exportados de la literatura, la aportación de un guionista a la sociedad, el mismo arte de contar historias…
«La inspiración tiene que venir en primer lugar conociendo algunos elementos del oficio, y la escritura de guiones tiene mucho de oficio. Aunque, por supuesto, luego está el talento. [...] Historias siempre va a ver, sólo hay que saber buscarlas… muchas veces a la vuelta de la esquina.» A.N.García
Según algunos indicios, habrá cuarta película de Ice Age. Y sigue y sigue. Hace dos días, por otro lado, tuvo lugar la première de otra cuarta entrega, Shrek Forever After. Parece que seguir explotando las ideas originales hasta la saciedad se ha convertido en el recurso estrella del éxito. Lo cual, a mi modo de ver, como ya apunté en otra ocasión, confirma qué escasos de ideas andan algunos guionistas. O qué pocas ganas de trabajar.
El Ice Age original (2002), el debutante, es simplemente insuperable. Ojalá se den cuenta de una vez. Los personajes resultan bien perfilados, entrañables y cómicos, cada uno a su manera. Hay gags muy simpáticos y logrados. El apartado de música merece una mención aparte, por no hablar de los más que dignos efectos de animación -que ahora los encontraremos torpes, pero bueno-. Y a la postre tenemos ante nosotros una historia bastante amena, con un guión eficaz en su sencillez y en donde se abordan temas complejos (familia, venganza, ira) con desenfadada e implacable claridad.
Por favor, que dejen en paz las historias intocables, los guiones que supieron cosechar éxitos, y que continúen innovando. Descubriendo.
En las montañas que rodean la localidad madrileña de Santa María de la Alameda se encuentran un poeta interpretado por José Sacristán, un campesino analfabeto encarnado porPaco Tous y un joven soldado herido al que da vida Carlos Santos.
Un ejemplo más de que el trillado tema de la guerra civil en la cultura cinematográfica de este país puede dejar aún homenajes de gran calidad. En este caso, a las víctimas de ambos bandos.
Gianni Rodari fue un escritor, maestro y pedagogo italiano que recibió, entre otros, el mayor galardón internacional para un escritor de literatura destinada a los niños, el premio Hans Christian Andersen. Así que sabía de lo que hablaba – escribía – cuando escribió lo que podemos catalogar como su obra maestra: Gramática de la fantasía. En dicho libro, expone infinidad de estrategias para potenciar y desarrollar la imaginación a través de la escritura.
Además del extrañamiento, el “qué pasaría sí“, la construcción de adivinanzas, la parodia y mezcla de fábulas, destaca entre sus ideaciones el binomio fantástico, que consiste en componer una historia a partir de dos palabras escogidas al azar. Entonces, las palabras no se toman en su significado cotidiano, sino que se las libera de las cadenas verbales de las que normalmente son parte integrante. Y según infinidad de escritores y profesores, es cuando esas palabras «extrañadas» se hayan en las mejores condiciones de crear una historia.
El binomio fantástico es un concepto al parecer fundamental en la literatura infantil y juvenil del siglo XX.
“Creatividad, es sinónimo de pensamiento divergente, o sea, capaz de romper continuamente los esquemas de la experiencia. Es ‘creativa’ una mente que trabaja siempre, siempre dispuesta a hacer preguntas, a descubrir problemas donde los demás encuentran respuestas satisfactorias, que se encuentra a sus anchas en las situaciones fluidas donde otros sólo husmean peligro; capaz de juicios autónomos e independientes (incluso del padre, del profesor y de la sociedad), que rechaza lo codificado, que maneja objetos y conceptos sin dejarse inhibir por los conformismos.“ Gianni Rodari.
Últimamente, intento leer cuantos más relatos cortos, cuentos breves (o como quieran llamarlos) posibles. Mucha parte de culpa la tiene una futura editora, y el resto digamos que la provoca mi propia búsqueda personal. Un guionista, además de escribir, debe leer de todo en todos los formatos.
Así de maravilloso es el cine. Porque tan fácil y gratificante es referirse a una perla cinematográfica llamada Mystic River como hablar sobre otro diamante en bruto, elegante y único: el Atrapa a un ladrón del insuperable Alfred Hitchcock.
Filmaffinity anota una acertada sinopsis: “Cary Grant interpreta a John Robie, un ladrón de joyas reformado una vez conocido como «El Gato». Robie es el principal sospechoso de una nueva serie de robos de piedras preciosas en los más lujosos hoteles de la Riviera francesa, por lo que ha de limpiar su nombre. Cuando conoce a la caprichosa heredera Frances (Grace Kelly), ve la oportunidad de desenmascarar al misterioso ladrón utilizando las fabulosas joyas de su madre.
“Eran otros tiempos”, dirán algunos. “La acción no cobraba tanto protagonismo como ahora”, objetarán otros. Y qué. No importa las excusas que se arguyan para explicar por qué hoy escasean obras de este calibre. Quizá la única verdaderamente valiosa o digna de mención sea la que afirma que hoy en día no se reúnen así como así tres portentos del cine como Hitchcock, Grant y Kelly. Quizá. Aunque cada generación tiene sus genios, en mi opinión.
En cualquier caso, aquí va un excelente documento: el espléndido guión de J. M. Hayes, adaptación de la novela de David Dodge. Y, de paso, una sabrosa secuencia:
Actualmente estás viendo el archivo del sitio Scenas de Guión de 10 mayo 2010.
About “Scenas”
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder