“Hay quienes piensan que el montaje o ensamblaje es llevar a un hombre de una lado a otro. Esto es lo queGriffithinventó, es cierto. Pero, yo intento profundizar aún más.“
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Hemos visto, a lo largo de sus películas, los aspectos narrativos y técnicos que caracterizan al cine Hitchockniano. Sobre todo, referidos a la construcción y caracterización de personajes y el clima dramático de la película. Pero, ¿sobre qué construye el cineasta londinense? En primer lugar, el Macguffin, que según el propio Hitchcock:
«La palabra procede del Music-hall. Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde “Un MacGuffin es un aparato para cazar leones en los Adirondacks”. “Pero si en los Adirondacks no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un MacGuffin”, le responde el otro.»
Sencillez
«Si su historia es confusa o requiere una gran cantidad de memorización, no pierda el orden. La clave para la creación de Hitchcock es mediante el uso simplista, lineal, de historias que el público puede seguir fácilmente.» Todo en el guión debe ser racionalizado para ofrecer el máximo impacto dramático y eliminar todo material extraño; Y cada escena debe incluir sólo los elementos esenciales que hacen que el público enganche.
Para Truffaut, Hitchcock sobrepasa a muchos con los que le han comparado por una razón: es más completo. «Fue un especialista no de “éste o aquél” aspecto del cine, sino de cada imagen, de cada plano, de cada escena. Le gustan los problemas de construcción del guión, pero también del montaje, la fotografía, el sonido.» Y por ello, aun hoy, podemos aprender mucho de lo que el director pretendía transmitir cuando hablaba de la audiencia, la creatividad, el cine en general y el suyo en particular.
Recopilando algunas de las ideas vistas hasta ahora en este atrevido análisis-homenaje al cine de Hitchcock, hemos destacado el uso del humor como potenciación del suspense, a través dematizar rasgos de carácter trivial; el desarrollo de situaciones irónicas; la introducción del ambiente agradabledonde cabe un dramatismo más rotundo; y la inclusión de algún personaje de carácter burlesco, que incluso no llega a considerar del todo la gravedad del asesinato. Ahora, ¿cómo debemos hacer hablar a nuestros personajes?
Los diálogos no dialogan
Una conversación puede llegar a ser bastante trivial, pero a menudo los ojos ponen de manifiesto lo que una persona piensa o sus necesidades.
Alfred Hitchcock
El director de Encadenados (Notorious, 1946) y Los pájaros (The birds, 1963) hace uso frecuente de los diálogos que no dialogan, esto es, conversaciones que dejan entrever en alguno de nuestros personajes algo que no expresa y – hemos de aprovechar esta oportunidad narrativa – encuentra su razón en el desarrollo de la historia. Por ejemplo, si uno de tus personajes está preocupado por algo durante la escena del diálogo, puede distraerse con los ojos. De esta forma, Hitchcock conseguía unir a los espectadores en torno a un personaje de secretos, que enriquecía la historia, y más aún, la volvía misteriosa o la tensaba, en el caso de hacer saber a esos mismos espectadores algo que el protagonista no sabía.
Además de la mirada, la gestualidad y el uso de la cámara – en La Soga (The Rope, 1948) la conversación entre Steward y el resto de invitados puede ser más o menos trivial, pero el arcón sigue estando ahí, y dentro, sigue estando el muerto – son elementos direccionalesregidos por un inteligente trabajo sobre el guión.
Linda Seger, en referencia a la creación de personajes mediante la oposición (pensamiento Janusiano) habla del texto y el subtexto, entre lo que el personaje dice y lo que realmente quiere decir. Una característica indispensable en un buen guión cinematográfico, puesto que añade profundidad a la historia. El understatement, el desfase entre la superficie y el fondo de la acción.
En este punto recuerdo una idea que leí en algún blog sobre el cine de este genio y que añado ahora al nuestro, por ser una verdad casi palpable: Lo que en la mayor parte de los films es esencia – el drama construido en mayor o menor medida por los diálogos – en Hitchcock es apariencia.
Con todo, el cineasta británico hablaba – respecto a los diálogos en una película – de que es aconsejable hacer uso de los mismos cuando no quede otra opción, ya que tenemos una pantalla rectangular dentro de una sala de cine, y no llenar páginas y páginas en una máquina de escribir.
En la mayor parte de las películas de Hitchcock, uno (como mínimo) de sus personajes nunca se toma en serio el asesinato, llegando incluso a burlarse.
El ejemplo más memorable lo encontramos, probablemente, en la película Sombra de una duda(Shadow of a Doubt, 1943), cuando Henry Travers y Hume Cronyn intercambian, durante todo el relato, diferentes formas de asesinar sin ser descubiertos. Sus conversaciones sobre el “asesinato perfecto” mutuo, suponen un gran contrapeso de todas sus conversaciones al clima de tensión que va en aumento en la historia. El resultado es una película híbrida entre la comedia y suspense.
En Extraños en un tren (Strangers on a train, 1951) el desequilibrado personaje interpretado por Robert Walker enseña a una mujer entrada en años cómo se debe estrangular. La escena es demoledora: Bruno Anthony – que así se llama el psicópata – entabla conversación en una fiesta con dos ostentosas ancianas, que ríen intentado averiguar cuál es la forma más eficiente para cometer un asesinato. Desconocen, como casi todos los invitados, que tienen enfrente a un verdadero asesino, el cual se ofrece a enseñarles un método. Ellas acceden, aún entre risas. Pero, y aquí es donde Hitchcock es mucho Hitchcock, surge algo inesperado que devuelve a la anciana a la “verdadera realidad” del asesinato: un juego ya no tan divertido.
Aunque recomiendo verla entera, dejo la escena descrita de Strangers on a train.
Veámos otros ejemplos. En La soga (Rope, 1948), Constance Collier se ríe histéricamente de Rupert’s (James Stewart) ante la idea de asesinar a personas por deporte. De nuevo, una mujer de edad avanzada toma la idea del asesinato como algo absurdo e improbable.
Y un ejemplo más conocido, en La ventana indiscreta (Rear window, 1954) tenemos a Thelma Ritter reaccionando ante la posibilidad de un asesinato al otro lado del patio.
Si hace unos días subrayamos el papel del silencio en el género del drama, hoy puede ser buen momento para reconocer su importancia en los largometrajes de suspense. Creo que es Alfred Hitchcock, quizá, quien mejor ha sabido explotarlo. Y sin ánimo de echar a un lado los atinados análisis de Txema en torno al cine de Hitchcock, desearía escoger un ejemplo paradigmático de este director: Los pájaros (1963).
Es bien conocida por todos la trama que recorre el nervio central de la historia: una encantadora mujer (la delicadísima Tippi Hedren) conoce en una pajarería a un abogado (el varonil Rod Taylor) por el que no tarda en sentirse atraída. Guiada por un impulso difícil de controlar, decide regalarle un par de periquitos, para lo cual deberá viajar a Bahía Bodega. Allí, de pronto, ella y los habitantes del lugar sufrirán los inexplicables y violentos ataques de miles de pájaros.
Sólo un mago como Hitchcock es capaz de convertir un guión tan sencillo en una pieza cinematográfica sensacional, llena de agobios, angustias y frenesís. Y para lograrlo no recurre a insólitos efectos especiales. Le bastan unas buenas interpretaciones, un montaje agudo y, sobre todo, una estrategia sonora extraordinaria. El espectador necesariamente se encoge inquieto en su butaca al sufrir los abundantes silencios de los protagonistas, y en su mente reverberan con extraordinaria plasticidad los graznidos de los diabólicos animales.
En esta película no hay música, sólo diálogos y ruidos provocados por la naturaleza. Prepondera la ausencia de sonido. A la postre, Hitchcock genera así una tensión difícil de explicar, pero palpable e incuestionable. Sirva la siguiente escena como botón de muestra:
Tercer paso, rodear el drama de un “ambiente feliz”
Resulta más interesante situar el crimen en mitad de un solar iluminado y evitar así el cliché de las sombras, el mal tiempo y las puertas chirriantes.
La yuxtaposición de la norma frente a la fantasía. Y si uno para a pensarlo, resulta del todo cierto. Sitúas a los personajes en un ambiente relajado y colorido y ¡zas! (sí, en toda la boca) el efecto que produce la repentina introducción en el drama es aún mayor.
Como nota adicional, fíjense que la apertura de créditos de las películas de Hitchcock suele ser de carácter “lúdico”, muchos acompañados de los cuales están acompañados por la jocosa música de Bernard Herrmann.
Es sabido por todo que el genio del suspense no amaba a sus personajes – ni a los actores que los interpretaban – hasta tal punto que en la elaboración del guión solía preguntarse a menudo: ¿Se trata ahora de una manera divertida de matarlo?
Un ejemplo lo encontramos en un capítulo de “Alfred Hitchcock presenta…” titulado “One more mile to go“: un policía detiene a un hombre a causa de un foco estropeado de su coche, sin saber que en el maletero del mismo descansa un cadáver. Hitchcock nos presenta a un policía cada vez más obsesionado con la luz y a un asesino cada vez más incómodo. Tensión, suspense.
Me gusta tomar una situación espeluznante y dar el contrapunto con un eufemismo.
Para mí el suspense no tiene ningún valor si no está equilibrado con el humor.
Alfred Hitchock
El suspense es el ingrediente que mantiene a la audiencia ‘rogando por más’. El gag inesperado, la coincidencia, los personajes extravagantes y un complejo y cuidadísimo equilibrio entre risa y tensión.
Un ejemplo de ello podemos encontrarlo en La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954). En un momento de la película, James Stewart, desesperado por retrasar un inminente/supuesto ataque de Raymond Burr, coge su cámara y utiliza la luz de las bombillas para crear una distracción. Cada vez que una bombilla se enciende momentáneamente ciega a Burr, a la par que aumenta la tensión de la audiencia.
Ante la imposibilidad de colgar aquí el ejemplo visual, buscad en youtube:
`Rear Window (1954), pt.9/11´
Primer paso, explotar rasgos de carácter trivial
Convertir los detalles frívolos en el centro de la acción para un efecto de contraste en un momento de crisis.
Siempre he encontrado que, en un momento de crisis, invariablemente, una persona hace algo trivial.
Muchos la han considerado como una de las mejores películas de Hitchcock. Afirmación que –a mi entender– es harto complicada. No obstante, tiene algunos rasgos que, efectivamente, la hacen única. Sobre todo, por lo que llamaré su “eficacia”.
En líneas generales, y para sintetizar la obra en este breve comentario, podemos hablar de los siguientes rasgos que hacen de Encadenados una película de increíble efectividad:
Un guión cerrado y fuerte. Algo más cuestionable con respecto a las motivaciones e impulsos de los personajes, pero sin duda redondo.
Dos magníficos actores protagonistas; y dos antagonistas más que a la altura de las circunstancias.
La cámara, libre –“suelta” – y dirigista: aberraciones, zooms, panorámicas…
Un montaje ágil y animoso, especialmente fundamental en los momentos de narración paralela, contribuyendo eficazmente al suspense.
En general, la película es “eficaz” porque logra sobradamente atar al espectador a su silla; y porque se permite el lujo de tratar hondos temas relativos al ser humano –la propia redención, el amor– en una película de espionaje de corte hiper clásico.
Es lugar común que nos encontramos ante el ‘gran mago del suspense’. Pero no por ello es menos cierto. Valga como ejemplo saber que había podido ver la escena del champaigne hasta en tres ocasiones anteriores, y sin embargo en ésta –la primera vez que veía la película entera– he vuelto a vibrar de emoción y miedo. Otros aspectos memorables: el planteamiento de la historia por la rendija de una puerta; la presentación de Alicia; la relación entre Alex y su madre; la huida de la casa con el merecido de Sebastian…
Dejo la emocionante secuencia del champaigne y la bodega. Es un brillante ejemplo de cómo marcar una cuenta atrás dramática sin un reloj, ni el cronómetro de una bomba…
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"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
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"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
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"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
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