Existen siete versiones, multitud de libros e infinidad de referencias de una de las mejores y más completas películas que he visto en mi vida. Aunque no he podido leer el libro de Philip K. Dick sobre el que se basa el guión de Hampton Fancher, no he leído una sola crítica que no sea positiva. Al fin y al cabo, es la fuente de la que se nutren una gran cantidad de películas del género.
Con todo, Blade Runnerculmina con uno de los monólogos más brillantes y populares del séptimo arte. Un discurso inolvidable que, según Wikipedia, guarda cierta similitud con el poema ‘El barco ebrio‘ de Arthur Rimbaud:
Y he visto alguna vez, ¡eso que el hombre ha creído ver! He visto cosas que vosotros no creeríais. ¡Yo he visto los archipiélagos siderales! Y las islas donde los cielos delirantes están abiertos al viajero. Atacar naves en llamas más allá de Orión. Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. ¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras. Toda luna es atroz y todo solo amargo: El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras. Todos esos momentos, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. ¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar! Es hora de morir.
Sin intención de crear polémica, digamos que el porcentaje total de sus discursos se reparten en un 50% del guionista y el otro 50% de este genio de la interpretación. Hay quienes dicen que a día de hoy, encasillado en un papel -un tono de voz y una gestualidad-, Al Pacino carece de recursos interpretativos suficientes para ser considerado como uno de los mejores actores del séptimo arte. Pagaría por ver sus caras en una sóla de sus audiciones. Qué decir si aprendió de uno de los mejores.
Pacino también es conocido por su facilidad -profesional- para la improvisación en ciertos momentos de alto voltaje emocional. Además de muchos otros directores, lo afirma Sidney Lumetsobre el actor y su papel en Dog Day Afternoon.
Hace unos meses incluimos su sobrecogedor discurso como Teniente Coronel Frank Sladeen en la película «Scent of a woman»; guión de Bo Goldman. Hoy, añado algunos más para el general disfrute.
Glengarry Glen Ross es una obra de teatro de David Mamet -premiada con el Pulitzer en la categoría de drama en 1992- que él mismo se encargó de adaptar al cine. Una obra magnífica concentrada en 90 minutos, dos o tres localizaciones y 4 ó 5 personajes (interpretados a las mil maravillas, por cierto). Una historia de dureza extrema, que pone ante el espectador todo lo más patético de la naturaleza humana. Basada totalmente en el diálogo -rápido, insistente, repetitivo y a veces agotador- y en unos personajes derrotados por la vida, acabados, grises y apáticos. Desesperanzada, desoladora.
Después de ver la siguiente escena, se me heló la sangre: ni una concesión, nu un leve gesto de piedad, de misericordia. Nada. La clásica disyuntiva entre el “ser” y el “tener” se queda temblando después del magnífico y desgarrador -cínico, cáustico- discurso de Alec Baldwin. Verdaderamente doloroso, tremendo. Esto es una escena bien hecha.
Aunque mucho se ha hablado ya de la fantástica Breakfast at Tiffany’s, no me resisto a inaugurar la serie de “Diálogos para el Recuerdo” con la conocida declaración de amor de Paul a Holly en un taxi neoyorquino. Una escena climática que no se me va de la cabeza…
Si hace algunos años, en algún momento de tu guión – un punto de giro, quizá, un story beat de importancia – dispusieses de un discurso hecho para marcar un antes y un después en la historia, te hubiese recomendado la voz y presencia de Robin Williams. Al Pacino mediante.
El joven e ilusionado profesor del Club de los poetas muertos es ahora un hombre maduro, encerrado en sí mismo bajo el peso de una profunda crisis existencial. El bohemio (y sí, también altruista) profesor y psiquiatra conocerá a Will, con quien desarrolla una relación de tira y afloja dialéctico y emocional que es la verdadera riqueza de la película (los secundarios, cumplen; el final, previsible; la historia de amor, obligada y raquitica subtrama).
Quizá, lo realmente interesante aquí, es la metaevolución (no busquen la palabra, que no existe) de Williams, de aquel club de poetas pasados a mejor vida, a través del tiempo, desdoblado en dos personajes “diferentes” – que no son más que el desarrollo del mismo – en una línea cronológica natural hasta volver a guiar al más brillante de sus alumnos y, ahora sí, salvarse a sí mismo.
El Indomable Will hunting es la notable ópera prima como guionistas de Matt Damon y Ben Affleck (el último quizá debió replantearse la interpretación). Llevada a la pantalla bajo la dirección de Gus Van Sant, que pisa terreno “comercial” para repetir más adelante con un producto del mismo estilo: chico superdotado de barrio marginal y conoce a quien será su mentor-salvador (Finding Forrester, 2000).
Debajo, una de mis escenas preferidas. El brillante monólogo del profesor Williams ante un atónito Damon, cuyas palabras considero que forman (además de una verdad como una catedral) un momento memorable en la historia del cine reciente.
En el tango uno no se equivoca. No es como en la vida. Si uno se equivoca o se enreda, sigue bailando.
Alfredo James Pacino
Escribo aún con la piel de gallina, pues acabo de ver el fragmento de una de las mejores películas – en cuanto a interpretación se refiere – de uno de los más grandes de la industria: Al Pacino. Estoy pensando seriamente en grabar el audio (pena por la imagen) y escucharlo cada día con el café matutino.
Bo Goldman (Alguien voló sobre el nido del cuco, ¿Conoces a Joe Black?) es el guionista de este remake de la película italiana Perfume de mujer (Profumo di donna, 1974).
En esta fascinante película, cada personaje ilustra eltema de la creatividad como antítesis de la conformidad. El director Nolan representa el miedo que algunos pueden sentir cuando alguien creativo pone en entredicho la forma en la que siempre se han hecho las cosas. Todd demuestra que la creatividad puede ayudar a encontrar la propia identidad. Charlie muestra la creatividad fuera de control. Knox muestra que la creatividad puede ser utilizada para atraer a las mujeres. Neil, que la creatividad requiere una fuerza interior que se enfrenta al conformismo porque de no ser así puede llevar a la muerte. Y yo me atrevo a añadir que el colegio Welton de los años 50 es la propia vida.
Coged las rosas mientras podáis, el tiempo vuela, la misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta. Tempus Fugit, carpe diem.
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About “Scenas”
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder