The Confession es una webseries estrenada en 2011 a través de Hulu, compuesta por 10 episodios de 6 minutos de duración. En mi caso, opté por ver el montaje completo de 60 minutos que se ofrecía en Netflix –ese fantástico servicio.
He aquí la premisa: un asesino a sueldo entra en una Iglesia Católica y se dirige al confesionario. Una vez allí, revela su profesión al sacerdote, así como su intención de asesinar a un hombre esa misma noche.
Toda la historia se desarrolla en torno a la pregunta por el pasado: ¿qué hay detrás de dos hombres tan diferentes entre sí? ¿Que les ha llevado a conectar de modo tan extraño en este confesionario? No puedo comentar mucho más, porque caería en los dichosos “spoilers” y no es mi intención. Merece la pena ver este pequeño trabajo, aunque a veces –como casi todo en esta vida– caiga en excesivas simplificaciones. The Confession se pregunta por la naturaleza y el origen del mal; la culpa y el perdón y el castigo de vivir con las culpas perdonadas.
Me pregunto cuál es la impresión de la enseñanza católica que un no-Cristiano obtendría de esta historia. Es difícil de decir, porque carezco de esa “neutralidad”. Pero desde luego es un atrevido –y entretenido– ejercicio de reflexión que sigue una magnífica receta: bajo presupuesto; alto nivel de drama; excelentes actores.
T = ( es + u + cs + t )2 + s + ( tl + f )/2 + ( a + dr + fs )/n + sin x – 1
No se asusten, ya lo harán otros. El otro día hallábame hojeando un libro de matemáticas -no pregunten, por favor- cuando me encontré de bruces con la fórmula matemática del terror. Sí, han leído bien. La escalofriante ecuación (nunca mejor dicho) mide el impacto en las personas en relación al miedo que le producen las películas de terror, y ha sido el resultado de una investigación llevada a cabo por un grupo de expertos del King´s College de Londres.
Así que, guionistas, ya saben: desempolven los libros de matemáticas, coloquen las pilas en sus calculadoras y afilen lapiceros. Veremos quien destrona a la película de terror perfectta que, por cierto, según esta ecuación es El resplandor.
Hagan click en seguir leyendo y podrán conocer el significado de las incógnitas.
… pero se escribe diferente”. ¿Quién no recuerda esa simple frase en boca del grandullón Michael Clarke Duncan? La milla verde (Frank Darabont, 1999) es de esas extrañas producciones ante las que uno se emociona mucho, pero en cuanto pasan los días la distancia juega una mala pasada y tendemos a olvidarla. Aunque basta volver sobre unos pocos fotogramas para repetir esa vivencia de espectáculo cinematográfico auténtico.
La historia, aparentemente pausada, larga y ordenada, está llena de una enorme fuerza visual. A mí, al menos, me sobrecogen las interpretaciones de Hanks, Morse y el grandullón Duncan. Bueno, y las del insoportable Percy y el arrepentido Delacroix -con su memorable ratita-.
A partir de un momento fácilmente identificable en el guión, surge la magia. No olvidemos que detrás está la firma de Stephen King. Pero, como dijeron en su día en la revista Rolling Stones, aquí incluso lo disparatado se convierte en algo dulcemente lógico. Por otro lado, la crítica a la pena de muerte, y a la silla eléctrica en particular, resulta demoledora.
Película para momentos de paz, para saborear y conmoverse, para recordar la dimensión espiritual del ser humano.
Acabo de leer un interesantísimo artículo en www.writersstore.com escrito por James Bonnet que comienza planteando una interesante cuestión: ¿se ha preguntado alguna vez por qué personajes como Sherlock Holmes, King Arthur, Achilles, Scrooge, Dorothy y Superman durarán para siempre? Todos ellos tienen un algo en común que los hace tan carismáticos como inolvidables. Y todo escritor sueña con crear uno que pase a engrosar esa selecta lista de héroes.
Pues bien, a ese denominador común James Bonnet lo denomina: quintessential. Término que definido como «the most perfect manifestation or embodiment of a quality or thing», y aplicado a una narración, significa hacer de los elementos de esa historia el mejor ejemplo del quintessential. Un término de tal importancia que, según Bonnet, las grandes historias e incluso mitos y leyendas están dominadas por estos quintessential elements.
Y propone ejemplos: Zeus, el dios más poderoso; Helena de Troya, la mujer más hermosa, Aquiles, el más grande guerrero; Camelot, el reino más fabuloso; Sansón, el guerrero más fuerte… además de otros referidos a géneros tan diferentes como los que engloban a películas como Romeo y Julieta o Harry Potter, Gladiator, Titanic, Armageddon…
A la pregunta de por qué es tan determinante este elemento creativo, Bonnet contesta: «because if you make something the most extraordinary example, you will make that idea more intriguing. A secret chamber is fascinating in itself, but you could make it even more fascinating by making it the most intriguing secret chamber of all time.» Así de simple.
«Characters that can’t be merchandized are probably not very good characters. They need to have their dominant qualities further purified and evolved.» Entonces, ¿puede nuestro personaje ser una persona normal? Por supuesto, pero haz de ella la persona más normal que jamás ha existido.
Y no se pierdan su definición de carisma. Por cierto, ¿conocen ustedes a Archie Bunker?
* James Bonnet was elected twice to the Board of Directors of the Writer’s Guild of America and has acted in or written more than 40 television shows and features. The radical new ideas about story in his book ‘Stealing Fire from the Gods: A Dynamic New Story Model For Writers And Filmmakers’ are having a major impact on writers in all media. Bonnet also teaches the workshop ‘James Bonnet’s Storymaking: The Master Class.’
A veces la Historia, la verdadera Historia, aporta las mejores tramas y los gérmenes más eficaces para configurar un guión sólido y bien armado. Pienso en esto al enfrentarme a una laureada trilogía de películas, las de Sissi. que en los años cincuenta cosecharon un éxito notable.
En Sissi -al igual que en las otras dos partes, Sissi Emperatriz y El destino de Sissi- se aborda la vida de una figura única e incomparable: la de Isabel de Wittelsbach, quien más adelante, tras casarse a los 16 añós con el Emperador Francisco José, se convertiría en Emperatriz de Austria y, varios años después, en Reina Consorte de Hungría. Pero su biografía estuvo marcada por golpes dramáticos y, desde luego, por situaciones complicadas. Su matrimonio, lleno de ociosidad y formalismo, no sació su hambre de cultura; y su ego la llevó a sentarse frente al espejo horas y horas para velar por su cuerpo con exagerada dedicación. Una hija suya murió a los dos años por tifus, y otro hijo suyo falleció con 30 años por causas extrañas, que apuntaban a suicidio o asesinato.
Estas tres películas no reflejan todas las cuestiones históricas con el rigor que merecen, por mucho que a cambio el espectador pueda contemplar los diálogos sintiendo que asiste a un bonito relato visual plagado de amor. Los hechos son los hechos, y cuando se trata de alterarlos, conviene que conste… esté delante de nosostros la preciosa Romy Schneider o no.
Paul Haggis es director y guionista. Sin embargo, es su faceta de escritor con la que más éxito ha acumulado. Y con razón. Firma obras de colosal calibre tales como: Million Dolar Baby, Flags of Our Fathers, Letters from Iwo Jima, Crash… Para muchos, uno de los tres mejores guionistas vivos. Quizá por ello sería bueno escuchar lo que tiene que decir.
Por cierto, curioso binomio el de Eastwoody Haggis.
Así son las buenas películas: lecciones. Lección de dramatismo, lección de técnica cinematográfica, y -aunque detesto la expresión- lección de vida. Así es “All about Eve“, maravilloso drama de ámbito teatral de JL Mankiewicz. Por muchos recordada gracias a la legendaria frase de la actriz Margo Channing (Bette Davis):
Aunque no pasa de ser un detalle más dentro de un gran conjunto, las actrices son soberbias. Y resulta especialmente gracioso ver a una jovencísima Marylin Monroe como “vulgar secundario”, eclipsada por las espectaculares interpretaciones de Bette Davis y Anne Baxter.
La historia narra los tópicos de las grandes estrellas del teatro: el implacable paso del tiempo y la pérdida de la juventud, la adulación, la invasión de los nuevos talentos, la lucha por un papel, el precio de la fama y el éxito… Sobre este punto, por cierto, hay que recordar esa grandiosa frase, también en boca del personaje de Margo:
“The things you drop on your way up the ladder, so you can move faster. You forget you’ll need them again when you go back to being a woman”.
El guión está escrito de forma verdaderamente excepcional, con un enrevesado ejercicio de focalización a través de los personajes secundarios (ellos son lo que nos cuentan todo sobre Eve). La clave dramática de la película recae en la anagnórisis (descubrimiento, revelación): cuando el espectador cae en la cuenta de quién es quién y cómo es quién en la película. Y el círculo se cierra -con perfecta redondez- en un final que no es sino otro principio de un ciclo idéntico al que se nos acaba de narrar.
Como novelista ligado al cine, Elmore Leonard ha escrito numerosos libros y relatos cortos, muchos de los cuales han sido adaptados con éxito al cine (3:10 to Yuma, Jackie Brown, Cómo conquistar Hollywood, Be cool…). Sin embargo, también a trabajado a la inversa, escribiendo novelas a partir de guiones originales o tratamientos para guiones cinematográficos. Comenzó con novelas ambientadas en el Oeste, aunque se especializó en la novela policiaca de la que tanto ha bebido el cine negro. Y directores como John Sturges, Quentin Tarantino o Steven soderbergh han dirigido obras suyas. Es un amante del diálogo.
1. Nunca abras un libro hablando del tiempo. 2. Evita los prólogos. 3. Nunca uses otro verbo aparte de «dijo» para seguir los diálogos. 4. Nunca uses un adverbio para cambiar el verbo «dijo». 5. Mantén tus signos de exclamación bajo control. 6. Nunca uses las palabras como de repente. 7. Usa los dialectos regionales, o los patois, con moderación. 8. Evita las descripciones detalladas de los personajes. 9. No entres en grandes detalles al describir lugares y cosas. 10. Intenta descartar la parte que los lectores tienden a saltarse.
Y la regla más importante es una que resume las diez:
Es uno de esos directores que pasa discretamente por la gran pantalla. Y cuando se anuncia, como se ha hecho ahora, que dirigirá un largometraje sobre Bobby Fischer, resulta fácil menospreciar la repercusión de semejante decisión. Pero lo cierto es que entre los grandes atributos artísticos de David Fincher se encuentra un gran dominio del ritmo narrativo y de la tensión visual.
Revelar aquí los finales de películas tan antológicas como Se7en, The Game, El club de la lucha o Zodiac sería temerario e incluso absurdo. Hay que verlas para contemplarlas; hay que vivir junto a los protagonistas sus experiencias y el conjunto y la intensidad de sus sentimientos para descubrir el arte de Fincher. En todos esos finales el guión se erige como el eje en torno al cual giran el resto de elementos, ya sean los actores, la ambientación o la banda sonora, por poner algún ejemplo.
Fincher ha sabido adaptarse y, al mismo tiempo, innovar. Ahí va un ejemplo que quizá sirva como botón de muestra.
A Quentin Tarantinose le pueden reprochar muchas cosas: violencia explícita, enaltecimiento del criminal como protagonista de sus historias, uso frecuente del lenguaje soez y barriobajero, exceso de diálogo en sus películas, abuso dramático del silencio, la pausa y las conversaciones triviales en la exposición del tempo… y todas son ciertas. Mi compañero Guillermo le cita como un maestro de la técnica cinematográfica(añadiría también de la narrativa) y sitúa a la escena inicial de su última película como ejemplo de generar tensión. Sin embargo, el cinéfilo director destaca además por su excepcional mano en la creación de personajes, aspecto del guión – de las historias que nos hace llegar - al que más tiempo y esfuerzo dedica. “Mis personajes hacen la historia, tienen vida propia, evolucionan” ha dicho en más de una ocasión. Unos personajes que se expresan e interactúan y, a su vez, nos da a conocer a través de las conversaciones banales del día a día. Y se está perfeccionando.
Tanto, que su creación más completa ha logrado una de las mayores simbiosis actor-personaje que un servidor recuerde. Un antagonista que adquiere el protagonismo absoluto; un psicópata con el que el público empatiza de forma natural; un hombre malo al que le coges cariño. Algo realmente complicado, y admirable. Su nombre es Hans Landa, Standartenführer, oficial del servicio de inteligencia de las SS y el partido nazi. Veterano de la primera guerra mundial apodado “the Jew Hunter”. Un hombre de modales exquisitos, cortés y educado, de buena presencia y dotado de una gran inteligencia y una perspicacia igualmente abrumadora. Sin un atisbo de piedad, humanidad o compasión; libre de cualquier ideología o afecto, frío y calculador, meticuloso, el coronel está simplemente… loco. Un malvado genio desequilibrado que vive inmerso en un complejo de superioridad insultante. Un Christoph Waltz pletórico.
Véanle en acción en una de las escenas más tensas de la película.
A sus 27 años, y tras su paso por Harvard, asume la vicepresidencia del departamento de fusiones y adquisiciones en la firma de inversión Pierce & Pierce. Proviene de una familia de clase alta, vive en el edificio American Gardens y tiene un hermano en la Universidad en el Camden College. Novia, amigos… y un secreto inconfesable.
“Existe la idea de que un tal Patrick Bateman es una especie de abstracción. Porque yo no existo de verdad, sino sólo como ente, como algo ilusorio. Y aunque pueda ocultarte mi mirada fría, si me das la mano notarás que mi carne roza la tuya e incluso tal vez intuyas que es probable que tengamos estilos de vida parecidos, pero yo, sencillamente, no estoy.“
Recuerdo la primera vez que viAmerican Psycho (en total la he visionado en tres ocasiones) y la repulsión interior que me produjo. Admito haberme sentado delante de otras películas cuya violencia intrínseca e inexcusable era mucho mayor – incluso el sustento de la misma, como Funny Games, de la que hablarémás adelante -, pero Bateman presentaba varios aspectos en su personalidad que no terminaban de empatizar conmigo. Su patito de goma* me desagradaba. ¿Por qué asesina? Placer, aburrimiento, envidia, sensación de poder y superioridad, absoluta carencia de afecto humano, odio, animadversión social… Demasiadas, demasiado generales. Aquella primera vez incluso dudé al término de la historia: ¿Ha sido todo un sueño?¿Estaba tan sólo en su cabeza?
Tanto su aspecto de yuppie exquisito como la formalidad de sus modales y el extremo cuidado físico no son más que un disfraz, la piel de ejecutivo tras la que se esconde un animal salvaje, homicida y enfermo. La creación del controvertido Bret Easton Ellis es un verdadero psicópata. Patrick Bateman mata por aburrimiento. Y entre otras barbaridades llega incluso, al igual que Hannibal Lecter, a practicar el canibalismo. Sin embargo, la construcción del personaje interpretado por Hopkins es superior. Aún con todo, brillante interpretación de Christian Bale, que poco más tarde se reforma y convierte en superhéroe. Cosas que tiene el cine.
* Término utilizado para designar aquello que le quitaron o perdió y que le hizo convertirse en lo que el personaje es (Making movies, Sidney Lumet)
Sigo empecinado en la búsqueda de la inspiración. Una de mis asignaturas pendientes, por falta de tiempo, pérdida del mismo, vagueza, parsimonia o dedicación a otras actividades ha sido siempre el teatro. Hasta que hace unos días surgió la posibilidad de asistir a una obra y me animé – obligué – a sentarme en una sala con la mirada fija en un escenario en vez de a una pantalla.
Tal y como explican en el folleto promocional, la palabra Exitus – que da nombre a esta obra – es un término latino que significa “Salida” y se emplea en medicina como simplificación de Exitus Letalis, que literalmente significa “Salida Mortal” o “Salida que causa la muerte”. Y sobre eso mismo, la vida y la muerte, se basa la historia que Diego Lorca y Pako Merino - autores, actores y directores – pretenden transmitir. A través de un montaje (costumbres…) equilibrio entre luz, sonido y planificación se resuelven acciones y superan limitaciones temporales, espaciales e interpretativas. Enormes ambos sobre el escenario, jugando con la personalidad, el tono, los temas y cada situación. Una experiencia que ha vuelto a resultar provechosa: ver cómo solucionan ciertos saltos temporales en la narración, cambian de un personaje a otro, la función de la voz en off y su inmediata incorporación a la escena… Aunque, sobre todo, cómo decir mucho con casi nada, dejando el resto a la imaginación de los asistentes. Creatividad, ingenio e… inspiración.
Superficialmente podría definir la representación con seis palabras: tragicomedia con tintes de humor negro. Pero, ha resultado ser muchísimo más. No recordaba el conjunto de sensaciones que puede llegar a trasmitir el (buen) teatro y la fuerza con la que el directo – real, crudo, inexcusable - repercute en los actores, y por tanto, en la identificación del público asistente. Podría escribir horas sobre esta interesante pieza y la influencia de la representación teatral en general. Sin embargo, para terminar, transcribo los pensamientos que aparecen plasmados en el mismo folleto de la obra:
“Yo lo hago, porque lo hace mi padre. Mi padre, porque lo hace mi abuelo. Mi abuelo, porque lo hacía el suyo. Y así uno tras otro, no hemos podido dejar de hacer lo que hace mucho tiempo uno de nuestros ancestros inició y nos impidió para siempre olvidar. VIVIR. Soy, es, fué una línea infinita unida por la imposibilidad de olvidar de dónde vinimos, ni saber hasta cuando ni hacia donde nos dirigimos.“
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About “Scenas”
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder