Bob: It gets a whole lot more complicated when you have kids. Charlotte: It’s scary. Bob: The most terrifying day of your life is the day the first one is born. Charlotte: Nobody ever tells you that. Bob: Your life, as you know it… is gone. Never to return. But they learn how to walk, and they learn how to talk… and you want to be with them. And they turn out to be the most delightful people you will ever meet in your life. Charlotte: That’s nice.
Las películas de deportes tienden a crear una estructura narrativa en torno al juego, su desarrollo, y los resultados en las diferentes fases (eliminatorias, ligas, etc.) El boxeo, particularmente, forma un pequeño micro-género dentro de este mundo. La variedad de títulos es amplia: El Hombre Tranquilo, Toro Salvaje, Rocky, Hurricane, y un largo etcétera.
El otro día vi –¡por fin!– The Fighter. A todas luces, una gran película, especialmente por las formidables actuaciones de Bale, Wahlberg y Amy Adams. Es, además una gran historia plasmada en un gran guión. Pero me hizo recordar que no deja de ser otra historia de boxeo, que obedece –más o menos– a una estructura muy simple de “ascenso, caída y ascenso”. Me vino a la cabeza Cinderella Man, por cuanto la estructura narrativa –esa cosa que se repite en tantísimas películas y que sin embargo nunca cansa, precisamente porque es lo que hace que todo funcione– es sorprendentemente similar.
Cambiemos el contexto de la Gran Depresión por el sub-mundo de la adicción al crack. Cambiemos una esposa y dos hijos (Cinderella Man) por una novia, una madre y siete hermanas trastornadas (The Fighter). Cambiemos a Paul Giamatti por Christian Bale, ambos entrenadores. En ambas películas, tanto Jimmy Braddock como Micky Ward necesitan dinero, y mucho. Los dos se fracturan una mano, por lo que tienen que dejar de pelear. Los dos son tentados por el ring nuevamente, y regresan. Los dos confrontan a boxeadores de mayor peso y categoría (sea Max Baer o Alfonso Sánchez). Incluso los combates se desarrollan de manera muy similar: en las primeras cinco rondas al protagonista le dan para el pelo. Entonces el entrenador le proporciona inspiración –un recuerdo, una promesa– y el boxeador reacciona. Pero no es suficiente: el contrincante es muy superior y su poder parece capaz de doblegar la voluntad del protagonista… Hasta que aparece la chica –o su imagen, o memoria, o cualquier otra forma de recordar al protagonista que en realidad está luchando por los que más quiere. Y entonces llega el truco final: un movimiento inteligente que proviene de una pista plantada 45 minutos antes: el puñetazo letal de Baer, los golpes al cuerpo de Ecklund… o “castigar el hígado”, si hablamos del Potro Italiano. Y entonces el oponente cae y nuestro protagonista se da cuenta de que lo único importante es su familia o su mujer o su novia. Y no tanto el boxeo. El arco se cierra, el personaje crece, aprende y se completa.
Todo esto no quiere decir, ni por asomo, que The Fighter sea una película formulaica o topicoide. Todo lo contrario. Esto prueba que la llamada “estructura” tiene sentido y funciona. Es la prueba de que la estructura es necesaria, es parte inherente de la narración, de la confrontación de un personaje con un conflicto y de su crecimiento a través de dicha confrontación. Así es como se cuentan las historias.
Acabo de tener otro agradable encuentro por la red, en esta ocasión más en términos de estética que de narrativa. Se trata de una colección -en crecimiento- de los mejores fotogramas de las mejores películas que hay por ahí. Se llama Beautiful Stills from Beautiful Films y, sin duda, merece una visita.
Es tal vez el mejor western jamás filmado: la quintaesencia del cine psicológico, de la interpretación, del montaje, de la banda sonora, del guión (aquí, un buen análisis).
Por todos es sabido que la historia está narrada en tiempo real (84 minutos exactos), que, pese a la tensión y la intensidad creciente de las escenas, apenas hay disparos, que el peso de la película recae sobre las acciones pausadas del sheriff protagonista, que ante todo se plantea un fabuloso interrogante sobre el deber moral y que hay un sabio elogio al buen obrar.
Y es que si Grace Kelly se erige como la chica de insuperable belleza y corazón noble que todas las mujeres querrían ser, el Marshal Kane (inconmensurable Gary Cooper) encarna, en definitiva, la valentía y la integridad… el hombre al que nos gustaría asemejarnos.
Dejo la escena inicial. No hay palabras para explicar cuánto esconde la canción Do Not Forsake Me, Oh, My Darlin, compuesta por Tiomkin, escrita por Ned Washington e interpretada por Tex Ritter. Sí garantizo que avanza la esencia de una película que cautivará al espectador definitivamente:
No sé qué tiene, pero tiene algo. Pocas películas abren sus historias con unos créditos tan memorables: Jake La Motta (De Niro) calentando. Scorsese, con ojo de genio, logra que el espectador, sin tan siquiera conocer la trama, se quede cautivado ante unos fotogramas que casi, casi parecen repetirse durante dos minutos y medio. La música ayuda, el blanco y negro da fuerza y la ralentización de la imagen sosiega. Y el conjunto es simplemente perfecto. O un aperitivo de la obra maestra que le sigue.
*Por si acaso, la canción original pertenece al Intermezzo de la “Cavalleria rusticana” de Mascagni.
Aunque las estructuras nunca deben convertirse en fórmulas rígidas, son interesantes puntos de apoyo para el escritor. El último ejemplo me lo dio el profesor Duncan, hablando sobre la estructura del romance. Y me tomé la molestia de hacer un ejercicio práctico con la película Notting Hill (Michell, 1999). Guión ejemplar de Richard Curtis, grandísimas interpretaciones, maravillosa música.
Echemos un vistazo a la estructura modélica de una historia de amor convencional, en diez pasos:
Chico conoce chica.
Problema: entre ambos, o para uno de ellos.
Chico se enamora.
Chico pierde a la chica. Culpa de él.
Chico recupera a la chica.
Chico pierde a la chica. Decisión de ella. Parece definitivo.
Chico recupera a la chica.
Chico pierde a la chica, por una fuerza externa y aparentemente insuperable.
Chico recupera a la chica…
Y chico aprende una lección, elimina la fuerza externa insuperable, y vivieron felices y comieron perdices.
No todos los pasos han de ser seguidos en éste orden, pero habitualmente todos ellos están en la historia de un modo u otro. Chico y chica son intercambiables: puede ser ella la que nos guía en la historia, aunque es menos habitual. Y como siempre, puede haber excepciones. Ahora veamos cómo la cosa aplica en la mencionada Notting Hill.
Anna Scott, diva hollywoodiense, entra en la cochambrosa librería de William Thacker.
Siguiendo un impulso inexplicable, Anna besa a William después de que éste derrame zumo de naranja sobre ella. Anna necesita explicarse.
Anna pide a William que vaya a verla. Se disculpa ante él… ocasionando que Will quede perdidamente enamorado.
Tras una maravillosa velada, resulta que Anna tiene novio. Will se retira (clásico amor imposible, como Romeo y Julieta).
Anna se presenta de nuevo en casa de Will, ocultándose de la prensa. Segunda oportunidad.
Pero la prensa aparece en casa de Will, por un pequeño desliz de su compañero de piso… Anna piensa que Will la ha engañado y dice adiós.
Will se entera de que Anna está en un rodaje en Londres. Decide ir a verla.
Accidentalmente, Will escucha una conversación en la que Anna le ningunea delante de sus colegas de estrellato. Will dice adiós.
Anna se presenta en la librería. Se presenta la tercera oportunidad, pero Will ha aprendido y dice “no”.
Will, dubitativo, pide consejo a su familia. Se da cuenta de que ha sido un orgulloso y trata de enmendarlo: se declara en una rueda de prensa (magnífica escena) y ella dice “sí”.
En consecuencia, nos pasamos toda la película entre las sonrisas y las lágrimas, siempre deseosos de conocer cuál será el siguiente paso, tanto o más que en una película de auténtico suspense. Para terminar, la frase de la película (en Inglés, que para eso se hizo en ese idioma), que contiene el clímax, el tema, y el todo de la historia:
After all… I’m just a girl, standing in front of a boy, asking him to love her.
Existen siete versiones, multitud de libros e infinidad de referencias de una de las mejores y más completas películas que he visto en mi vida. Aunque no he podido leer el libro de Philip K. Dick sobre el que se basa el guión de Hampton Fancher, no he leído una sola crítica que no sea positiva. Al fin y al cabo, es la fuente de la que se nutren una gran cantidad de películas del género.
Con todo, Blade Runnerculmina con uno de los monólogos más brillantes y populares del séptimo arte. Un discurso inolvidable que, según Wikipedia, guarda cierta similitud con el poema ‘El barco ebrio‘ de Arthur Rimbaud:
Y he visto alguna vez, ¡eso que el hombre ha creído ver! He visto cosas que vosotros no creeríais. ¡Yo he visto los archipiélagos siderales! Y las islas donde los cielos delirantes están abiertos al viajero. Atacar naves en llamas más allá de Orión. Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. ¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras. Toda luna es atroz y todo solo amargo: El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras. Todos esos momentos, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. ¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar! Es hora de morir.
Nos gustan las listas. El sabio siempre dice que es muy aconsejable colgar listas en los blogs. Así que le haremos caso. Esta vez, gracias al Arte por el Arte, que nos dejó un interesantísimo post a cuenta del reportaje de El País Semanal, sobre las 100 películas que han escogido 100 artistas del cine hispanoamericano como las que “cambiaron su vida”. La cosa empieza así:
Exterior. Noche. En una terraza, antes de la dispersión veraniega, cena un grupo de directores españoles. [...] Se aguarda la llegada tardía de los que siempre llegan con retraso; y mientras se espera, aún se puede hablar de cine. Todavía solo de cine, esa cosa que nos movió a dejar de ser médicos, arquitectos, funcionarios, comerciantes, periodistas… La vida, a veces, es de cine.
Y la lista, que ya sé que es lo que interesa, empieza con estas diez joyas:
Qué difícil es entender a Kevin Costner, el hombre capaz de lo mejor (Los Intocables) y de lo peor (¿pongo ejemplos?) Y qué difícil es entender al público, porque había escuchado toda clase de críticas deshinibidas contra Open Range. Prácticamente, insultos: aburrida, soporífera, sin sentido, decían. Claro, cuando la vi me indigné. ¡Esa película no se puede hacer mejor! Es una constante lección de dominio del lenguaje cinematográfico, de sentido estético y, al final -que es lo importante- de arte dramático. No cabe duda de que se trata de un guión sencillo (que no es lo mismo que plano) pero, ¡qué interpretaciones -Costner, Duvall, Benning-, qué cariño en cada secuencia, en cada plano, qué arte en la luz, qué música! No se la pierdan, por favor, cierren los ojos y escuchen:
No sé, a veces pienso que soy un inútil para la crítica cinematográfica, pero me parece que Open Range es de lo mejor que he visto en los últimos años, al igual que me pasa con otros ejemplos de retorno al género clásico, como fue la maravillosa Master & Commander, o tantas otras. Si se fían de mí, vean Open Range.
L.A. Confidential podría encasillarse, si esto fuera del todo posible, entre el whodunit y el relato clásico de intriga en el que “el asesino es el mayordomo”, con un toque de film noir (que en algún momento abunda excesivamente, en mi opinión, en lo sórdido y escabroso). Pero, en conjunto, es de lo más parecido que he visto a una película perfecta. No es revolucionaria ni demasiado novedosa, pero sí paradigmática dentro de su género.
La historia está armada de principio a fin sin fisuras: todo lo que se abre se cierra, todo lo que sube baja. No sobra ni un sólo fotograma, ni tampoco falta ninguno. Y es bien sabido lo difícil que resulta narrar -con la adecuada dosificación de suspense e interés- este tipo de argumentos retorcidos y engañosos. Es el arte de escribir desde el final: el guionista diseña una trama empezando por su resolución. Después, la conspiración con todas sus facetas y ramificaciones. Y entonces va fabricando pequeñas “píldoras informativas” que van dejando como un reguero de pistas para el espectador, desde el “the end” hasta el “20th Century Fox”. Esas “píldoras”, además, deben ir dotadas de un volumen, de matices, con datos relativos a los personajes, el contexto, etc. Y visto de esta manera, es como uno se da cuenta de lo peliagudo que resulta escribir semejante guión.
La ruleta rusa es un juego letal y clandestino del que no se conoce su procedencia. Y como acto visualmente impactante, el cine se ha nutrido de él en innumerables ocasiones. A mi memoria acude al instante la impresionante The Deer Huntercuyo guión firma el desconocido Deric Washburn, adaptando la historia escrita por su director, Michael Cimino. La película me causo el que bautizo ahora como «efecto vacío»: esa sensación de que alguien/algo te tira del estómago hasta que te sientes así, vacío. Una historia cruda, seca y nunca mejor dicho, arrojada a quemarropa sobre el espectador. Y, sobre entre su conjunto, tengo grabada ESTA escenacomo una de las más impactantes y tensas que he podido ver en una ficción audiovisual.
Esta brutal práctica -que se cree fundada entre las tropas del ejército ruso- también es el punto de partida o acción de muchos cortometrajes. La mayor parte de ellos sitúan la acción principal en el propio desarrollo del juego, por el que deducimos la caracterización de los personajes, el motivo de su apuesta y el desarrollo de la historia. Una situación perfecta para jugar con los sentimentos de la audiencia y estirar la atmósfera claustrofóbica de tensión hasta poco antes de que explote por sí sola. Sin embargo, algunas excepciones se atreven a dar un paso más utilizando -como es en el corto del que hablo- la ruleta rusa como metáfora o vía de expresión de un tema.
Y a uno le entran ganas de sentarse a escribir y darle otra vuelta de tuerca.
Sin duda, sea una u otra la forma de llevar a la pantalla la ruleta rusa, todas señalan hacia una misma dirección: el límite de la crueldad humana.
Sin intención de crear polémica, digamos que el porcentaje total de sus discursos se reparten en un 50% del guionista y el otro 50% de este genio de la interpretación. Hay quienes dicen que a día de hoy, encasillado en un papel -un tono de voz y una gestualidad-, Al Pacino carece de recursos interpretativos suficientes para ser considerado como uno de los mejores actores del séptimo arte. Pagaría por ver sus caras en una sóla de sus audiciones. Qué decir si aprendió de uno de los mejores.
Pacino también es conocido por su facilidad -profesional- para la improvisación en ciertos momentos de alto voltaje emocional. Además de muchos otros directores, lo afirma Sidney Lumetsobre el actor y su papel en Dog Day Afternoon.
Hace unos meses incluimos su sobrecogedor discurso como Teniente Coronel Frank Sladeen en la película «Scent of a woman»; guión de Bo Goldman. Hoy, añado algunos más para el general disfrute.
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About “Scenas”
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder