posted by: pol

Acuérdese de la Cadena Básica del Drama. Y acuérdese de Lumet. Tome un protagonista de carácter bondadoso con destellos de valentía. Razonable y ponderado. Tome un antagonista iracundo, irreflexivo y justiciero. A su lado, ponga a diez hombres de todos los estratos sociales, de edades y caracteres diversos. Todos ellos son miembros de un jurado. Adjudique una misión a nuestro protagonista: hacer que todos estos hombres acuerden un veredicto justo (y se trata de una decisión radical: vida o muerte). Surge la pregunta: ¿puede una docena de ciudadanos corrientes disponer sobre la vida de otro hombre? Ya tenemos el tema.
El obstáculo a la misión: los otros once miembros del jurado, que por insensibilidad o indiferencia, son partidarios de condenar al reo sin miramientos. Piense qué puede hacer el protagonista para que sus oponentes rectifiquen. Algo habrá en su vida que les produzca un fuerte conflicto interior. Así, habrá un arco de transformación para cada uno de ellos. Pero tenga cuidado, porque debe ser verosímil: debe haber causas, razones. Déselos a cada personaje. Introduzca un buen número de golpes narrativos a lo largo de la deliberación. Factores que lleven a todos los personajes a tomar parte en uno y otro sentido. Introduzca muchos “casi, pero…”. Encárguese de que haya momentos de tenso enfrentamiento. Algunos pasos adelante. Muchas vueltas atrás.
[Atención, spoiler] Y concluya con una escena climática en la que los errores del propio pasado del antagonista hagan añicos su sólida decisión. Ese conflicto interior será la causa principal de su derrota, pero también de su conversión. Más aún, de su redención. El acusado, pues, será declarado inocente [fin del spoiler]. Si sigue estos pasos con ingenio, habrá escrito usted un fantástico remake de “Doce Hombres sin Piedad” (Twelve Angry Men, Lumet 1957). La pregunta que me hago es: ¿funcionaría? Parece que sí, pero, ¿cómo sería posible que fuera original y no una mera réplica? Todavía tengo pendiente 12, de Mikhalkov.