T = ( es + u + cs + t )2 + s + ( tl + f )/2 + ( a + dr + fs )/n + sin x – 1
No se asusten, ya lo harán otros. El otro día hallábame hojeando un libro de matemáticas -no pregunten, por favor- cuando me encontré de bruces con la fórmula matemática del terror. Sí, han leído bien. La escalofriante ecuación (nunca mejor dicho) mide el impacto en las personas en relación al miedo que le producen las películas de terror, y ha sido el resultado de una investigación llevada a cabo por un grupo de expertos del King´s College de Londres.
Así que, guionistas, ya saben: desempolven los libros de matemáticas, coloquen las pilas en sus calculadoras y afilen lapiceros. Veremos quien destrona a la película de terror perfectta que, por cierto, según esta ecuación es El resplandor.
Hagan click en seguir leyendo y podrán conocer el significado de las incógnitas.
Si algo caracteriza al cine de terror, y lo distingue del resto de géneros cinematográficos, es su vocación natural ajena al público familiar, e incluso me atrevería a decir, al target general. El Drama, la Comedia, la Ciencia Ficción, el Western, el Cine negro… todos tienen como denominador común historias que pretenden abarcar el mayor número de público posible. Y el cine de terror, también, pero siempre dentro de unos márgenes limitados por su propia naturaleza. Unas fronteras que cercan a un público cada vez menos exigente con los productos ofertados.
La pescadilla que se muerde la cola en televisión: “el público ve lo que le ofrecen, porque quien ofrece, presenta lo que quiere ver el público” es un axioma falso e irresponsable, y por tanto discutible. El mismo que se discute en el cine, pero multiplicado exponencialmente cuando la violencia – no necesariamente explícita – es colocada en una bandeja de plata ante los espectadores. Supongo que no habrán visto una miniserie titulada Dead Set. Viene al caso: la audiencia, convertida en muertos vivientes, ataca a los únicos supervivientes que, ajenos al exterior, habitan en la casa… de Gran Hermano. La inversión del mito de Saturno – el padre que devora a sus hijos – expuesto como una televisión devorada por quienes se alimentan de ella, sin razonar ni exigir. La crítica más rotunda al entretenimiento chabacano y los contenidos de fast food que inundan la parrilla comercial. Una serie que, más allá de esa novedosa aportación filosófica, no aporta mucho más al popular subgénero de terror que es el universo zombie.
Instinto de supervivencia. El cine lo ha agudizado desde su nacimiento, aprendiendo a innovar conforme el concepto de entretenimiento iba evolucionando en la sociedad. Esta vez, el espectador es más protagonista -activo- superando su pasividad histórica y las barreras de la mera contemplación. Ahora, actúa. Decide.
Con todo, esta apuesta me parece más un tirón novedoso aunque caduco (como me lo parece el 3D) aunque ciertamente atractivo. El cine -aunque no lo crean- siempre será el cine de toda la vida. Conmovedor, evocador, reflexivo, creativo y un espejo del hombre, de su alma y del mundo que le rodea. Espíritu -esencia- que comparte con la literatura y la lectura de un buen libro.
Porque la auténtica identidad de Bienvenidos aZombieland aparece desde el minuto cero. Y el resultado final es una de las películas que más he agradecido del pasado año. Sí, más que Avatar. Ya hablé de la importancia de las primeras páginas del guión -con el ejemplo de Magnolia-, pero bien diferente es llevar ese conjunto de palabras a la gran pantalla con acierto. En su ópera prima Ruben Fleischerconsigue mantenernos pegados a la butaca -se notan sus orígenes publicitarios- gracias técnica del slow motion. Con esa primera selección de imágenes combinadas con los créditos iniciales, el director deja patente esa dualidad que caracteriza a la obra: comedia (no parodia)- y el subgénero de terror que es el universo zombie.
Y es que con el cine de terror y la cada vez más amplia filmografía sobre muertos vivientes me pasa lo mismo que con la nicotina: adicción. ¿Será igual de perjudicial? Lo desconozco. Pero, doy fe, ambos vicios se juntan muy a menudo. Y que conste que hay un auténtico ejército de fanáticos sobre la temática zombie, mucho mayor que la surgida alrededor de otras representadas, por ejemplo, con Crepúsculo. He visto la mayor parte de las películas sobre este tema y ciertamente Bienvenidos a Zombieland ha sido una grata sorpresa. SPOILER Y más y mejor, el cameo de Bill Murray .FIN SPOILER
Tanto Woody Harrelson -actor brillante en los papeles que interpreta y con el que tengo la satisfacción de compartir una fotografía- como el resto del reparto han sido escogidos a medida de su personaje. Al final y al cabo, aunque lejos aún del desparpajo visto en Zombies Party, estamos en buen camino.
Aquí, la brillante secuencia inicial en la que interaccionan créditos y actores mientras uno de los protagonistas nos revela sus reglas de supervivencia. Y si seguís la entrada, el makingoff de la película.
Casi treinta años después, carece de sentido ofuscarse en un crítica o aventurarse a desmenuzar una obra tan relevante para el cine español como ha sido La cabina. Ya había entonces más ventanas al séptimo arte que el cine costumbrista (y ojo: confieso que he visto y volvería a ver El pequeño ruiseñor y Un rayo de luz, entre otras); como ahora se vislumbra una alternativa al Torrentismo unineuronal y las historias situadas antes, durante y después de la guerra civil española: el auge de la animación, Balagueró y compañía en el cine de terror y los hermanos Pastor husmeando en la ciencia ficción. Por encima de los clichés, el buen cine existe en este país – hay mucha gente trabajando en él – en perpétua búsqueda de una salida comercial.
El pesimismo es un bolígrafo sin tinta en este oficio.
Qué ironía resulta, veréis, hablar de pesimismo en este mediometraje dirigido por Antonio Mercero, uno de los grandes de la ficción audiovisual en nuestro país: ¿les suena Verano Azul o Farmacia de Guardia? Ambas series eran portadoras de las ideas sobre la sociedad que ahora se desarrollan de manera natural – o no tanto – en la televisión española actual. Dos éxitos indiscutibles en audiencia, que han dejado su huella en más de una generación de paisanos. Además, José Luis López Vázquez completa una mágnifica interpretación gestual en el papel de protagonista. El guión es obra de José Luis Garci.
Lo que comenzó como una anécdota jocosa (“¿Te imaginas qué divertido sería que alguien se quedase encerrado en una cabina?”) derivó poco a poco en el guión en una asombrosa e inquietante historia de ciencia ficción. Desmentidas las opiniones acerca de sus connotaciones políticas (franquismo: cabina como metáfora de la sociedad) y religiosas, lo que sí es cierto es que el éxito alcanzó su cima con la consecución de un Emmy. Imprescindible, como lo es también visualizar el anuncio que años más tarde se emitió en televisión para anunciar un acontencimiento de gran importancia. El spot, una vez visto el mediometraje, cierra un círculo magistral y es una joya. Aquí dejo la primera parte, el resto en Youtube.
A sus 27 años, y tras su paso por Harvard, asume la vicepresidencia del departamento de fusiones y adquisiciones en la firma de inversión Pierce & Pierce. Proviene de una familia de clase alta, vive en el edificio American Gardens y tiene un hermano en la Universidad en el Camden College. Novia, amigos… y un secreto inconfesable.
“Existe la idea de que un tal Patrick Bateman es una especie de abstracción. Porque yo no existo de verdad, sino sólo como ente, como algo ilusorio. Y aunque pueda ocultarte mi mirada fría, si me das la mano notarás que mi carne roza la tuya e incluso tal vez intuyas que es probable que tengamos estilos de vida parecidos, pero yo, sencillamente, no estoy.“
Recuerdo la primera vez que viAmerican Psycho (en total la he visionado en tres ocasiones) y la repulsión interior que me produjo. Admito haberme sentado delante de otras películas cuya violencia intrínseca e inexcusable era mucho mayor – incluso el sustento de la misma, como Funny Games, de la que hablarémás adelante -, pero Bateman presentaba varios aspectos en su personalidad que no terminaban de empatizar conmigo. Su patito de goma* me desagradaba. ¿Por qué asesina? Placer, aburrimiento, envidia, sensación de poder y superioridad, absoluta carencia de afecto humano, odio, animadversión social… Demasiadas, demasiado generales. Aquella primera vez incluso dudé al término de la historia: ¿Ha sido todo un sueño?¿Estaba tan sólo en su cabeza?
Tanto su aspecto de yuppie exquisito como la formalidad de sus modales y el extremo cuidado físico no son más que un disfraz, la piel de ejecutivo tras la que se esconde un animal salvaje, homicida y enfermo. La creación del controvertido Bret Easton Ellis es un verdadero psicópata. Patrick Bateman mata por aburrimiento. Y entre otras barbaridades llega incluso, al igual que Hannibal Lecter, a practicar el canibalismo. Sin embargo, la construcción del personaje interpretado por Hopkins es superior. Aún con todo, brillante interpretación de Christian Bale, que poco más tarde se reforma y convierte en superhéroe. Cosas que tiene el cine.
* Término utilizado para designar aquello que le quitaron o perdió y que le hizo convertirse en lo que el personaje es (Making movies, Sidney Lumet)
“He quedado con un amigo para comer” Hannibal Lecter
Mírenle fijamente puesto que no tienen otra opción. Su mirada hipnótica, serena y fría como la maldad misma ya ha elegido primer plato. Su nombre es Hannibal, descendiente de la alta burguesía italiana – los Sforza– mecenas de Leonardo da Vinci – y los Visconti. Ha vivido una infancia traumática iniciada tras la devastación de Lituania en la postguerra y el asesinato de toda su familia a manos de los Hiwis. Más tarde se supo que su hermana, Mischa, fue devorada por los guerrilleros debido a la escasez de alimentos y el frío invierno. Poco después, enviado a Francia por su tío, el Conde Lecter, crece bajo la tutela de Lady Murasaki. Allí comente su primer asesinato. Entre 1970 y 1975, Lecter adquiere el Título de Doctor en Psiquiatría en el estado de Maryland. Once víctimas después – sólo dos sobrevivieron – es condenado a nueve cadenas perpetuas.
Entre rejas, ayuda al FBI en la captura de dos asesinos en serie: El hada de los dientes y Buffalo Bill. Sin embargo, escapa de prisión y desaparece durante diez años en los es señalado como uno de los 10 fugitivos más buscados. Cuando su identidad es descubierta, le persiguen los agentes federales, la agente especial Starling (Julianne Moore) y el Inspector Rinaldo Pazzi (contratado por una de las víctimas del Lecter). A partir de ahí, todo es confuso. La película señala que escapa tras amputarse un brazo, mientras que el libro habla de la seducción a Clarice Starling y la fuga de ambos hacia Argentina. Lo que sí es seguro es que, a sus 77 años, nadie ha vuelto a ver al doctor Hannibal Lecter.
Este personaje sociópata, intelectual, de modales exquisitos, amante de la gastronomía y la lectura es sin duda uno de los más completos y profundos de la historia del cine. Un genio creado por el novelista Thomas Harris, y llevado al cine en varias ocasiones: The silence of the lambs(la más completa y magistral); Hannibal;Red dragon; y Hannibal rising. Anthony Hopkins – ahora ni me atrevería a pedirle un autógrafo – se llevó el Óscar por su interpretación, y repitió dos veces más. En la última película llevada a la gran pantalla, el actor francés Gaspard Ulliel fue quien se puso en la piel del joven Lecter. Hannibal es la representación del potencial creativo – y a continuación me refiero sobre todo a la primera película -, una magnífica creación protagonista de un amor imposible, en una de esas historias que hablan de todo. Y es que al contundente guión se le suma la inspiración de sus actores. The silence of the lambs es una obra maestra que seguirá siendo un referente con el pasar de los años. Y no la estropeen con un remake en 3D, por favor.
He seguido someramente las taquillas de la vampírica New Moon: despampanantes (aparte del fenómeno en su conjunto, que resulta, por lo menos, llamativo). Por otro lado, esta semana me han llegado un par de tráilers para Cirque du Freak -que presagia estar por encima de la media- y DayBreakers -justo lo contrario- que estaban llenos de draculillas y que llegarán a nuestros cines en breve. No olvidemos tampoco el éxito de la serie True Blood… Hace poco, además, se había estrenado el último fascículo de la saga Underworld, y, si nos remontamos un poco más en el tiempo, a todos nos vendrá a la memoria el arrollador éxito cosechado entre crítica y público por Let the Right One In.
El otro día, un tipo comentaba en el omnipresente Facebook, no sin cierta brillantez, algo parecido a lo siguiente: “qué clase de vampiros son estos, que salen por ahí a plena luz del día y que van enamorándose como gente normal”. Y es que es cierto que el género está experimentando cambios. Compárese a Pattinson con Bela Lugosi… La pregunta gira en torno al porqué -y creo que la respuesta tiene mucho que ver con la patología sensiblera de nuestra sociedad- y al cómo. No cabe duda que ante un fenómeno de masas como Twilight, es normal que se dispare todo un desfile de historias aledañas.
Según muchos cinéfilos, este año es especialmente jugoso para el género de la ciencia-ficción. Por un lado, se cumplen 30 años desde el estreno de Alien, el clásico de Ridley Scott protagonizado por Sigourney Weaver. Y, además, es ya inminente el estreno de Avatar, la tan esperada producción de James Cameron. Atendamos brevemente a la primera de estas películas.
¿Por qué triunfó tanto Alien? ¿Cuál es su secreto encandilador? Sin duda, la aparición de un terrible y desconocido monstruo en el espacio constituía un elemento novedoso y sobrecogedor. Pero, en realidad, la auténtica fuerza del filme reside en la magistral creación de un suspense que perdura durante toda la historia. Y eso forma parte de la genialidad de su director y de sus protagonistas.
La nave Nostromo se convierte en un recinto de agonía y frenesí desde el momento en que sus tripulantes deciden acudir a la señal de socorro procedente de un planeta anónimo. Comienza entonces una pesadilla casi apocalíptica nutrida a base de gritos, carreras, planos claustrofóbicos, silencios preconizadores y atmósferas tenebrosas y estéticamente horripilantes. Y el guión, siempre latente en la sucesión de los fotogramas, contribuye a ello con discreta elegancia.
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About “Scenas”
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder