Volvemos a las andadas, señores. Aunque nunca llegamos a marcharnos, pero bueno. Y seguro que, entre tanto, han visto mucho y buen cine.
En uno de nuestros últimos posts hablamos de cómo, gracias a su talento, algunos actores han logrado salvar películas con un guión normalito. Pues bien, hoy pondré nuevos ejemplos para ilustrar hasta qué punto un actor puede convertir una escena aparentemente poco original, casi anodina, en algo memorable. Le bastan sus gestos, sus miradas, su coherencia y su verosimilitud para transmitir lo que va más allá de las simples palabras.
No son películas que merezcan el calificativo de obra maestra, y, sin embargo, el espectador se siente fascinado -incluso conmovido- por unos instantes. Qué dificil es lograr que un buen actor dé con un buen guión. Y viceversa, claro.
Señoras y señores, estamos ante una serie única. Tal vez nunca haya tenido más sentido incluir a un show norteamericano como éste en Scenas.
¿Por qué? Porque In Treatment es guión y drama en esencia, es diálogos profundos y sutiles, es interpretaciones intensas y cargadas de emotividad. El escenario, la consulta de un psiquiatra; la acción, las conversaciones de éste con sus pacientes y con su propia psiquiatra; y la trama, las historias que unos y otros se cuentan y las reflexiones que brotan del fondo de sus almas.
Gabriel Byrne borda su papel de psiquiatra, la verdad. Menudo personaje tan formidable hecho a base de silencios, miradas y preguntas incisivas. Es el símbolo de la inteligencia y de la delicadeza, pero también de los errores humanos. Bueno, y los secundarios no se quedan muy atrás -mención especial a Dianne Wiest, a quien tanto aprecio por la interpretación que nos regaló en Edward Scissorhands, y a Mia Wasikowska, con razón la adolescente de moda tras su paso por Alice in Wonderland-.
Les ruego que vean las tres temporadas en cuanto puedan. Y poco a poco, saboreándolas. Por suerte, un experto en el tema como Nahum comparte mi entusiasmo.
Pequeña Miss Sunshine es de esas películas que te reconcilian con Hollywood, con las historias sencillas, con los guionistas audaces.
La he visto cuatro veces y creo que, aun gozando de un reparto excelente, en último término sobresalen dos intérpretes. La primera, Abigail Breslin, una desconocida niña que, aunque se las da de gordita, fea y repelente, al final logra encandilar a la mitad de audiencia. El otro es Steve Carell, que ya despuntó en Melinda y Melinda, de Woody Allen, y que aquí borda el rol del hermano homosexual obsesionado con Proust.
La película se estrenó en el Festival de Cine de Sundance en 2006. Se trataba de una nueva road movie, algo que por entonces parecía destinado al fracaso o al sopor. Sin embargo, eltono cómico de la historia, los diálogos inteligentes, el mensaje final y la crítica lúcida a los estándares actuales de belleza eran elementos más que suficientes para ganarse al público y a la crítica. Con razón.
Gran parte del mérito del largometraje corresponde al guión (aquí en .pdf) de Michael Arndt, que combina con acierto la tragedia y la comedia sin que decaiga, jamás, el ritmo vitalista y desenfadado. Brillante.
Dejo el trailer. Y, por favor, si pueden, véanla en V.O.
No sé qué tiene, pero tiene algo. Pocas películas abren sus historias con unos créditos tan memorables: Jake La Motta (De Niro) calentando. Scorsese, con ojo de genio, logra que el espectador, sin tan siquiera conocer la trama, se quede cautivado ante unos fotogramas que casi, casi parecen repetirse durante dos minutos y medio. La música ayuda, el blanco y negro da fuerza y la ralentización de la imagen sosiega. Y el conjunto es simplemente perfecto. O un aperitivo de la obra maestra que le sigue.
*Por si acaso, la canción original pertenece al Intermezzo de la “Cavalleria rusticana” de Mascagni.
En este blog atendemos con especial cariño y esmero a todo lo relacionado con el guión cinematográfico, ya sea por referencia a cortometrajes, largometrajes o a cualquier otra modalidad audiovisual. Pues bien, hoy quiero aludir con brevedad a un tema relacionado con el cine y con actores -en este caso un festival- que se ha aprovechado de su prestigio para politizar su imagen. Es decir, para salirse del guión.
Seminci: Semana Internacional del Cine de Valladolid. Sábado 23 de octubre de 2010. Un grupo de artistas y políticos ignoran al alcalde de la ciudad cuando se plantan en la inauguración, sin duda por las palabras deshonrosas que éste dirigió a personas del PSOE pocos días antes. Hasta ahí, bueno. Pero lo que no viene al caso, se mire por donde se mire, son las críticas que instantes más tarde dirigen un buen puñado de actores durante sus intervenciones. Intervenciones pensadas para que hablen sobre sus trabajos, sobre sus películas, sobre sus impresiones de la competencia, sobre el séptimo arte en general, pero no para que vilipendien a un político o a un cargo administrativo. Sea quien sea y lo que haya hecho.
Cine, y solo cine, es lo que tienen que publicitar y promover, tal y como señalan en sus estatutos (En tiempos de dificultades y de incertidumbres, queremos más que nunca reivindicar el papel de los festivales como plataforma privilegiada de exhibición de un cine distinto). Acuda el alcalde, acuda el gobernador de Wisconsin -y conste que siento un gran cariño por su ciudad puntera, Milwaukee- o acuda el mismísimo presidente de la República de México, lo que el público quiere es ver películas. Y frustra no oír a los actores -incluidos algunos de la talla de Antonio Banderas o Luis Tosar- hablar de sus trabajos, sino de sus quejas partidistas. Se salen del guión y a nadie le parece mal.
«El guionista siempre ha sido una figura desprestigiada y esto tiene que ver con la propia naturaleza del guión, que no está hecho para perdurar sino para morir, debido a su naturaleza efímera ante la fuerza que tiene la imagen. Y el guionista tiene que contar con ello.» P. Echart.
Interesante entrevista-charla en la que explican y opinan de forma amena y clarificante acerca de temas como el cine en el ámbito escolar y universitario, la necesidad de aprender a educar la mirada, el cine de autor, las diferencias entre guión cinematográfico y televisivo, la figura del productor ejecutivo, argumentos exportados de la literatura, la aportación de un guionista a la sociedad, el mismo arte de contar historias…
«La inspiración tiene que venir en primer lugar conociendo algunos elementos del oficio, y la escritura de guiones tiene mucho de oficio. Aunque, por supuesto, luego está el talento. [...] Historias siempre va a ver, sólo hay que saber buscarlas… muchas veces a la vuelta de la esquina.» A.N.García
Hoy toca hablar de otra joya: Mystic River, la película que, a mi entender, rescató en su momento a Clint Eastwood del olvido. Y digo “en su momento” porque a partir de entonces su carrera como director no ha sufrido el más mínimo retroceso.
Jimmy, Sean y Dave son tres niños traviesos e inocentes como tantos otros. La película abre su telón el día en que un hombre que se hace pasar por policía se lleva a Dave. A partir de aquel día todo cambiaría para el muchacho. Y los sucesos se precipitan veinticinco años después, cuando un crimen vuelva a acercar a los antiguos compañeros.
Creo que la palabra “intenso” se ajusta con tino a la hora de calificar el guión de esta producción emblemática e inolvidable. En esta película se dibujan retratos varios de la condición humana que, sencillamente, no tienen parangón. Más allá del sereno ritmo que acompaña a la narración, más allá de la intriga acuciante que destila el nudo de la historia, más allá de unas interpretaciones excepcionales (¡todos!: Sean Penn, Tim Robbins, Kevin Bacon, Laurence Fishburne, Marcia Gay Harden…) , más allá de una composición técnica ejemplar… Lo que aquí atrapa al espectador es la pasión escondida y auténtica que hay en cada uno de los personajes. Cuestiones en apariencia abstractas y lejanas como el dolor, la culpa, la amistad o la esperanza cobran aquí una expresividad que asusta.
El drama, desde luego, está servido. Aquí va un fragmento estremecedor.
Hollywood albergará a muchos grandes del cine y tendrá un prestigio merecido, desde luego, pero algunas de sus actuaciones no dejan de sorprender. O eso es, al menos, lo que concluyo al leer con estupor la noticia que Russell Crowe acaba de inaugurar su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Olé. A buenas horas, mangas verdes.
Russell Crowe, sí: aquel memorable Máximo Veridio -no tan antológico y maravilloso como lo pintaban, pero bueno- que conmovió a incontables personas; aquel imponente capitán llamado Jack Aubrey que sufrió lo indecible en el mar; aquel forajido, Ben Wade, perseguido sin tregua por Dan Evans (Christian Bale), un implacable ranchero; aquel rudo policía de L.A. Confidential; aquel John Nash tan soberbiamente caracterizado….. Pues hasta hoy no se había ganado, al parecer, su puesto en el Paseo, cosa que sí habían hecho, en cambio, otras personalidades artísticas de mucha menos categoría. Ahora, por fin, el neozelandés ha pasado a engrosar la loada lista.
Está claro que median intereses económicos y personales en todo esto, y que a fin de cuentas el mundo del famoseo no debe mezclarse con el cine hecho y derecho. Eso sí, noticias como ésta sorprenden, porque Crowe nos ha brindado algunos de los mejores héroes contemporáneos del cine de acción. Aquí dejo una secuencia que lo ejemplifica… una de muchas.
Si bien no atañe directamente al guión, sí se trata de una cuestión que afecta al mismo de manera contundente. El contexto engloba una pregunta formulada por la audiencia: ¿Está el cine en crisis? La justicia -ciega y equitativa ella- busca una solución. Pero, antes, un culpable. La industria (el acusante) y el cliente (el acusado), obcecados en el elevado coste de los productos, se revuelven “panza arriba” en busca de la-solución-a-la-piratería. La supervivencia del séptimo arte, claman.
Toma la palabra la fiscalía; En los despachos, sobre mesas de caoba, nuestra Ministra de Cultura (además de guionista y directora de cine) firma medidas judiciales – esto es, cierre y a otro tema – de páginas webs de descarga ilegal que no hacen más que agitar y unir a la comunidad virtual como nunca antes se ha visto. En opinión de muchos, la Señora Ministra González Sinde llega demasiado tarde. Por otra parte, los creativos – Cameronentre ellos – fraguan la panacea que cure la monotonía visual, creen, causa de la enfermedad que vacía las salas de los multicines. Y, claro, subida de precios mediante.
Un observador dubitativo se dice: «ni las salas están tan vacías ni subir los precios – aunque la taquilla me contradiga por ahora – me parecen una solución a largo plazo.» Y sobre la solución…
Presenta el abogado la primera de las pruebas. Nuevos estudios médicos que advierten sobre esa experiencia sensorial nueva que suponen las tres dimensiones en la pantalla. Al parecer, no todo el mundo está preparado para tamaña práctica. Y hablamos de público potencial, recuerden. Los puristas y productoras sin tanto capital como para comprar juguetes – cámaras, editoras, especialistas – que supondrían un coste desorbitado se revuelven en sus asientos. Y los representantes del cine español presentes en la sala. Los que van por libre, léase Woody Allen y compañía, toman café en un bar enfrente de los juzgados.
Se archiva también la segunda prueba, refierida al propio medio en sí. Mientras la secretaria transcribe en el taquígrafo, el 3D es una experiencia totalmente novedosa en la ficción cinematográfica: productores, empresarios, diseñadores gráficos… todos se frotan las manos imaginando un futuro cuanto menos, prometedor. El juez llama al orden. ¿Es válido – lo suficiente como para pagar más, digamos – el 3D en todos y cada uno de los géneros cinematográficos? ¿Pueden llegar a aportar lo suficiente, no solo en las historias de guerra o aventura, como para desembolsar los casi diez euros de entrada, colocarse las futuristas gafas y, además, reconocer la inversión en calidad?
El observador exclama: «permítanme al menos dudarlo».
Leo, gracias a Alberto, un sugerente artículo publicado en The Times sobre las parejas directores-actores más clásicas e indisociables de la historia del cine. Más allá de las trabas que pueda poner el lector al autor, nadie negará que a éste no le faltan argumentos que sostengan sus tesis. Y yo, la verdad, coincido con él en todos sus binomios.
Y si tratamos de trascender el carácter más o menos anecdótico de los ejemplos citados, queda desde luego la reflexión en torno a la imbricación entre quien se encarga de interpretar un rol y quien lo dirige cuando se halla frente a la cámara. El cine, no cabe duda, es un arte vasto y profundísimo. Con frecuencia atendemos al guión de una película, a las cuestiones técnicas, al mensaje transmitido, al efecto que tal o cual escena provoca en el espectador, y olvidamos que detrás del tinglado hay seres humanos: hombres y mujeres que se implican más o menos en el proyecto, que trabajan por verdadero amor a su profesión, que simpatizan con sus jefes o anhelan el momento de concluir el rodaje.
Las parejas sacadas a la palestra aquí son, de cualquier manera, un magnífico ejemplo de cómo algunos grandes del cine coincidieron en un ámbito que, sobre todo, amaban… en el caso de todos ellos, el mismo ámbito.
Lee Marvin lo confirma, y añade muchas otras ideas a raíz del ejemplo Ford-Wayne:
La técnica estilística y cosmovisión o forma de entender el arte no es ámbito exclusivo de los grandes cineastas, videocreadores de moda o pintores new age que pasean su arte por ARCO. Muchas personas tienen dentro el germen de un algo creativo, aunque muy pocos logran desarrollarlo y menos aún, vivir de ello. Exige tenacidad, sí, pero también un punto de vista -de partida- adecuado. Y en relación a esto, una compañera de promoción me envía desde Nueva York unas lineas sobre un algo que ella ha denominado Paint&punto. Un concepto que cada uno puede aplicar en su campo -guión- y que suele producir buenos resultados. A mí, me gusta.
“Paint&Punto es un canto a lo sencillo. Porque el estilo está por encima de la técnica y una Red One no es garantía de calidad. Complicarse no te hace más entendido ni más profundo. Expresar lo grande desde lo pequeño y hacerlo bien. Saber cuándo borrar es parte del talento. Cuéntame historias con los ojos. Crea con lo primero que pilles. Esto va de ideas y de buen gusto, da igual lo que emplees. Sólo dame un buen resultado. Así de fácil y de bonito. Punto.“
Como ejemplo de su filosofía, me aconsejó ver este cortometraje. Brillante.
Es uno de esos directores que pasa discretamente por la gran pantalla. Y cuando se anuncia, como se ha hecho ahora, que dirigirá un largometraje sobre Bobby Fischer, resulta fácil menospreciar la repercusión de semejante decisión. Pero lo cierto es que entre los grandes atributos artísticos de David Fincher se encuentra un gran dominio del ritmo narrativo y de la tensión visual.
Revelar aquí los finales de películas tan antológicas como Se7en, The Game, El club de la lucha o Zodiac sería temerario e incluso absurdo. Hay que verlas para contemplarlas; hay que vivir junto a los protagonistas sus experiencias y el conjunto y la intensidad de sus sentimientos para descubrir el arte de Fincher. En todos esos finales el guión se erige como el eje en torno al cual giran el resto de elementos, ya sean los actores, la ambientación o la banda sonora, por poner algún ejemplo.
Fincher ha sabido adaptarse y, al mismo tiempo, innovar. Ahí va un ejemplo que quizá sirva como botón de muestra.
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About “Scenas”
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder