Posts etiquetados ‘Cinemanet’

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Mi papá es un superhéroe

5 julio, 2010

posted by: José Manuel López

 


Escribía hace tiempo mi compañero Guillermo un interesantísimo artículo  para CinemaNet reflexionando sobre la construcción de películas basadas en uno o varios conflictos derivados del sentimiento de  venganza. Engañados por la venganza, qué cierto. No sólo en cine, también en la pequeña pantalla. La justificación de la violencia -física o psicológica- que tragamos sesión tras sesión sin cuestionarnos nada. Como complemente didáctico, citaba una larga lista de películas -algunas brillantes, otras no tanto-, pero hoy me quedaré con dos: Edge of Darkness y Taken. Ambas representan un grueso de títulos en alza cuyo argumento es prácticamente el mismo.

En este tipo de películas, las barreras dramáticas son representadas como una mafia del este, un gobierno corrupto o una organización multinacional con intereses nocivos. Son circunstanciales, físicas. Y dan lo mismo. El desarrollo de este tipo de películas es clónico. El catalizador es la muerte-secuestro-desaparición de la hija -raramente se trata de un hijo- y la vuelta al ruedo del padre envejecido, pero reanimado con poderes casi sobrenaturales. Se trata de historias simples y fácilmente predecibles, que no suponen un gran esfuerzo para un guionista medianamente trabajado. No cualquiera, pero sí cualquier guionista con horas de trabajo encima puede escribir una historia así. De hecho, el éxito o fracaso depende más del rostro del héroe que de la misma historia.

Al fin y al cabo, la hija del superhéroe no es más que un macguffin.

 

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Reflexiones: ¿qué es interesante?

29 enero, 2010

posted by: pol [Extracto del artículo publicado hoy en Cinemanet, sobre la fuente del interés en las historias]

Recuerdo con perfecta nitidez el comienzo de la maravillosa The Princess Bride: en la primera secuencia, el abuelo comienza a leer un libro a su nieto y éste, a los pocos minutos, le detiene indignado: ¡un momento, un momento! ¿Es una novela de besos? Al muchacho no le interesan los besos: lo deja muy claro desde el principio: ¿tiene algo de deportes? Y, sin embargo, más adelante, vemos a ese mismo mozo aferrado a sus sábanas, tiritando de emoción por lo que pueda suceder a los enamorados protagonistas de la historia.

Nadie duda de que el interés es la pieza -o mejor dicho, el lubricante- que hace posible el éxito de la narración. Y la narración es exitosa cuando alguien cuenta algo… a alguien. Es fundamental no olvidar esta última parte: sin receptor no se cuentan las historias. De hecho, los grandes problemas del cine de autor, y en concreto del cine-arte típicamente europeo, nacen de ahí: lo que usted tiene que decirme no me interesa (incluso resulta gracioso cómo algunos ‘autores’ se empeñan en imponer el criterio sobre lo que resulta interesante, como si eso fuera posible). Lo que con toda seguridad resulta más arduo es dar algunas pistas sobre dónde radica el interés de las historias. Por mi parte, adelanto que no tengo la respuesta, o de lo contrario estaría haciéndome de oro en Sunset Boulevard. Pero merece la pena reflexionar sobre ello.

[El resto, aquí].

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Avatar, el guión

20 enero, 2010

posted by: José Manuel López

Mucho se está hablando del último film de James Cameron y, aunque aquí no mencionaré sus récords de recaudación y taquilla. Eso pueden admirarlo tranquilamente en otro momento. Lo que sí voy a hacer es un breve análisis de opinión sobre el guión (click y descárgatelo) de la película. Un breve adelanto de un artículo – más extenso, más profundo y que abarcará muchos más temas pasados por alto - que estoy preparando  para Cinemanet.
 

Existe un principio, reflexión o acuerdo no discutible que dice que algo así como:  “Con un buen guión puede hacerse una película que no lo es tanto, sin embargo, de un mal libreto no puede sacarse un buen film”. Digamos que esta contrastada reflexión tenía su haber hasta que James Cameron se propuso exiliarla.  

A Cameron se le reconoce el estilo de construir historias muy masticadas. Esa simpleza (narrativa) se concreta en que los malos son muy malos y los buenos, muy buenos. En que revolotea sobre ideas universales – fe, naturaleza, ciencia – sin adentrarse en las marismas de la personalidad humana, ni en conceptos concretos ni metafóricos. Y que las relaciones que puedan surgir entre los personajes, sus temores, aspiraciones e incluso la más mínima escala de grises de sus “yos” interiores se supedita a la acción; más concretamente a la mediación técnica para la acción. No estamos hablando de Alfred Hitchock, Clint Eastwood o Akira Kurosawa, ni que Cameron pretenda serlo.


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