Llegó el después: una pena, porque el ambientillo previo a este tipo de ceremonias es muy divertido. A pesar, claro está, de esa molesta “excitación obligatoria” que intentan generar los presentadores de las televisiones norteamericanas. Si recuerdan, mi previsión no fue tan mala: acerté 2 de 7, y eso es más del 2% prometido… De todos modos, si quieren consultar el palmarés, acudan directamente a la página oficial de los Oscar®, que ofrece la información más completa (brillante idea, por cierto, la de emplear una ThankYou Camera). De todos modos, para ahorrar trabajo, aquí queda una selección de los mejores discursos de agradecimiento: Best Acceptance Speeches.
Pero hablemos en serio; aquí van -si siguen leyendo- mis conclusiones y comentarios:
Una de las cinco ramas originales simbolizadas en el carrete sobre el que se asienta la ansiada estatuilla es la de los guionistas: el gremio “maldito” de la industria. Los creadores de historias, verdaderos autores de lo que narrado, generalmente sometidos a la oligarquía del cómo se cuenta. Históricamente menospreciados y degradados a la categoría de “profesión menor” no han sido pocas las ocasiones en las que se han rebelado contra el orden establecido a través de huelgas como la proclamada el 5 de noviembre de 2007 y que congregó a más de 12.ooo escritores.
Sin embargo, no hay nada como una lujosa gala para reconciliar al personal.
Hace unos días vimos como el Goya al mejor guión original fue a manos deMateo Gil y Alejandro Amenabarpor Ágora, una obra que guarda más semejanza acon un documental o pieza históricade autor que con un drama propiamente dicho (por la cantidad de temas que pretende abarcar, por su discurso visual, por la planicie de sus personajes). Supongo que la magnitud de la producción exigía el premio. No así con Celda 211, excelente adaptación de la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, que recibió la estatuilla por mejor guión adaptado.
2010, nominados al Oscar® por guión
La elección de este año parece justa -aunque nunca llueve a gusto de todos- y compiten películas de gran calidad elaboradas a partir de historias diferentes en cuanto a tema, género e incluso medio artístico para llevarlas a pantalla (animación).
Con todo, el denominador común es la calidad (MÁS):
A Quentin Tarantinose le pueden reprochar muchas cosas: violencia explícita, enaltecimiento del criminal como protagonista de sus historias, uso frecuente del lenguaje soez y barriobajero, exceso de diálogo en sus películas, abuso dramático del silencio, la pausa y las conversaciones triviales en la exposición del tempo… y todas son ciertas. Mi compañero Guillermo le cita como un maestro de la técnica cinematográfica(añadiría también de la narrativa) y sitúa a la escena inicial de su última película como ejemplo de generar tensión. Sin embargo, el cinéfilo director destaca además por su excepcional mano en la creación de personajes, aspecto del guión – de las historias que nos hace llegar - al que más tiempo y esfuerzo dedica. “Mis personajes hacen la historia, tienen vida propia, evolucionan” ha dicho en más de una ocasión. Unos personajes que se expresan e interactúan y, a su vez, nos da a conocer a través de las conversaciones banales del día a día. Y se está perfeccionando.
Tanto, que su creación más completa ha logrado una de las mayores simbiosis actor-personaje que un servidor recuerde. Un antagonista que adquiere el protagonismo absoluto; un psicópata con el que el público empatiza de forma natural; un hombre malo al que le coges cariño. Algo realmente complicado, y admirable. Su nombre es Hans Landa, Standartenführer, oficial del servicio de inteligencia de las SS y el partido nazi. Veterano de la primera guerra mundial apodado “the Jew Hunter”. Un hombre de modales exquisitos, cortés y educado, de buena presencia y dotado de una gran inteligencia y una perspicacia igualmente abrumadora. Sin un atisbo de piedad, humanidad o compasión; libre de cualquier ideología o afecto, frío y calculador, meticuloso, el coronel está simplemente… loco. Un malvado genio desequilibrado que vive inmerso en un complejo de superioridad insultante. Un Christoph Waltz pletórico.
Véanle en acción en una de las escenas más tensas de la película.
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder