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Boxeo y Estructura

7 enero, 2012

posted by: pcastrillo

Las películas de deportes tienden a crear una estructura narrativa en torno al juego, su desarrollo, y los resultados en las diferentes fases (eliminatorias, ligas, etc.) El boxeo, particularmente, forma un pequeño micro-género dentro de este mundo. La variedad de títulos es amplia: El Hombre Tranquilo, Toro Salvaje, Rocky, Hurricane, y un largo etcétera.

El otro día vi –¡por fin!– The Fighter. A todas luces, una gran película, especialmente por las formidables actuaciones de Bale, Wahlberg y Amy Adams. Es, además una gran historia plasmada en un gran guión. Pero me hizo recordar que no deja de ser otra historia de boxeo, que obedece –más o menos– a una estructura muy simple de “ascenso, caída y ascenso”. Me vino a la cabeza Cinderella Man, por cuanto la estructura narrativa –esa cosa que se repite en tantísimas películas y que sin embargo nunca cansa, precisamente porque es lo que hace que todo funcione– es sorprendentemente similar.

Cambiemos el contexto de la Gran Depresión por el sub-mundo de la adicción al crack. Cambiemos una esposa y dos hijos (Cinderella Man) por una novia, una madre y siete hermanas trastornadas (The Fighter). Cambiemos a Paul Giamatti por Christian Bale, ambos entrenadores. En ambas películas, tanto Jimmy Braddock como Micky Ward necesitan dinero, y mucho. Los dos se fracturan una mano, por lo que tienen que dejar de pelear. Los dos son tentados por el ring nuevamente, y regresan. Los dos confrontan a boxeadores de mayor peso y categoría (sea Max Baer o Alfonso Sánchez). Incluso los combates se desarrollan de manera muy similar: en las primeras cinco rondas al protagonista le dan para el pelo. Entonces el entrenador le proporciona inspiración –un recuerdo, una promesa– y el boxeador reacciona. Pero no es suficiente: el contrincante es muy superior y su poder parece capaz de doblegar la voluntad del protagonista… Hasta que aparece la chica –o su imagen, o memoria, o cualquier otra forma de recordar al protagonista que en realidad está luchando por los que más quiere. Y entonces llega el truco final: un movimiento inteligente que proviene de una pista plantada 45 minutos antes: el puñetazo letal de Baer, los golpes al cuerpo de Ecklund… o “castigar el hígado”, si hablamos del Potro Italiano. Y entonces el oponente cae y nuestro protagonista se da cuenta de que lo único importante es su familia o su mujer o su novia. Y no tanto el boxeo. El arco se cierra, el personaje crece, aprende y se completa.

Todo esto no quiere decir, ni por asomo, que The Fighter sea una película formulaica o topicoide. Todo lo contrario. Esto prueba que la llamada “estructura” tiene sentido y funciona. Es la prueba de que la estructura es necesaria, es parte inherente de la narración, de la confrontación de un personaje con un conflicto y de su crecimiento a través de dicha confrontación. Así es como se cuentan las historias.

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