posted by:José Manuel López
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La semana de San Fermín, para quien nunca la haya vivido, ha sido más que intensa. Porque, además de las consecuentes actividades nocturnas, también lo ha sido cinematográficamente hablando: Knight and day (patética, pero comestible), Unthinkable (interesante aunque superficial), The invention of Lying (cine propaganda), Repo men (decreciente), The book of Eli (decepcionante), Daybreakers (una más en la moda vampírica), Shutter Island (magnífica), Solomon Kane (comida basura), Legion (más comida basura), Law Abiding Citizen (lo que podía haber sido…) y The Wolfman (decepcionante).
Por otra parte, para superar mi adicción a The Shield comencé a inyectarme otra droga si cabe más potente: Entourage. Grandes dosis diarias para ponerme al día. Del triunfo de ambas historias hablaremos otro día, en el que también incluiré una tercera: Mad men. Y las que que tengo en pendientes…
Sin embargo, lo interesante viene de las revisualizaciones. Además de volver a disfrutar con Zombieland -el triunfo de los gags-, me tragué con buena gana (y por tercera vez) las trilogía de Matrix. Esta vez, con dos conclusiones. La primera, que mantengo desde el principio, es que el orden de las películas es el orden de su calidad narrativa: la última película no puede ni compararse con la primera, mucho mejor y con una historia más cuidada. Sigo sin entender las críticas hacia los hermanos Wachowski.
Y con la segunda, deducida en uno de mis pocos días lúcidos, vengo a decir más o menos que Matrix ha revolucionado la forma de hacer cine más y mejor que los avatares de James Cameron. Visualmente cada ambas juegan sus bazas (hablé hace algún tiempo del timo del 3d). Incluso las piruetas de Neo y Trinity nos asombraron más que la isla colgante de Pandora. Pero si alguien sabe vender algo ese es el director de Titanic y, a estas alturas, nadie duda ya de que sea un genio. Y narrativamente - lo que importa - en referencia a la estructura de la historia, creación del guión, desarrollo de los personajes, tema o concepto y la evolución de los acontecimientos, creo que no hay comparación posible. Insisto, hablo de la primera película. Matrix es una obra más completa, que cumple los que pueden entenderse como dos requisitos principales de cualquier creación artística: entretener y provocar reflexión/aprendizaje. Avatar cumple la primera con creces y suple la segunda con un manantial de emociones y planos sentimentales. Matrix se atreve con el tema más grande – la propia existencia – y a su alrededor enrolla todo lo que atañe a la propia vida: desde asuntos universales hasta conceptos ordinarios. Y lo hace sin descuidar a los personajes, que avanzan en cierta medida por encima de los propios actores. No olvidemos que ambas historias se basan en tramas de acción, por mucha filosofía que las impulsen.
Ale, ya me he quedado a gusto.




