Bob: It gets a whole lot more complicated when you have kids. Charlotte: It’s scary. Bob: The most terrifying day of your life is the day the first one is born. Charlotte: Nobody ever tells you that. Bob: Your life, as you know it… is gone. Never to return. But they learn how to walk, and they learn how to talk… and you want to be with them. And they turn out to be the most delightful people you will ever meet in your life. Charlotte: That’s nice.
Volvemos a las andadas, señores. Aunque nunca llegamos a marcharnos, pero bueno. Y seguro que, entre tanto, han visto mucho y buen cine.
En uno de nuestros últimos posts hablamos de cómo, gracias a su talento, algunos actores han logrado salvar películas con un guión normalito. Pues bien, hoy pondré nuevos ejemplos para ilustrar hasta qué punto un actor puede convertir una escena aparentemente poco original, casi anodina, en algo memorable. Le bastan sus gestos, sus miradas, su coherencia y su verosimilitud para transmitir lo que va más allá de las simples palabras.
No son películas que merezcan el calificativo de obra maestra, y, sin embargo, el espectador se siente fascinado -incluso conmovido- por unos instantes. Qué dificil es lograr que un buen actor dé con un buen guión. Y viceversa, claro.
Tal vez sea coincidencia, pero no por ello deja de ser interesante. Hace poco vi dos películas recientes y muy parecidas entre sí: ambas hablaban del amor maduro entre dos personas de mediana edad -con más de 40 años a sus espaldas- y de la necesidad de enamorarse de nuevo. O sea, de las segundas oportunidades que ofrece la vida.
Y en ambos filmes los protagonistas son actores de renombre a los que, sin duda, se les queda corto el guión. Con sus interpretaciones reposadas, magnéticas, llenas de experiencia, silencios y miradas, parecen confesarnos secretos sobre ellos mismos que en sus conversaciones limitadas, mal aprovechadas, no oímos. Me atrevería a decir que el espectador sólo desea encontrarse con él, con ella o con los dos y olvidarse de la trama.
¿A qué películas me refiero? Sólo detallaré el título y el reparto básico, por aquello de no destripar las historias (que, por otra parte, sin ser del todo malas, resultan bastante previsibles):
I don’t expect my love affairs to last for long
never fool myself that my dreams will come true
being used to trouble i anticipate it
but all the same i hate it
wouldn’t you
So what happens now (another suitcase in another hall)
so what happens now (take your picture off another wall)
where am i going to (you’ll get by you always have before)
where am i going to
Time and time again i’ve said that i don’t care
that i’m immune to gloom that i’m hard through and through
but everytime it matters all my words desert me
so anyone can hurt me
and they do (…)
¿Laguna? Bueno, tal vez incluso océano. No haber visto todavía la reconocidísima Dirty Harry, que catapultó merecidamente a Clint Eastwood al estrellato, era ciertamente una carencia que necesitaba suplir cuanto antes. Hace poco lo logré, y constaté que Eastwood puede enorgullecerse de haber encarnado con extraordinario acierto a uno de los personajes más duros de la historia del cine. La pistola Magnum 44 es, con razón, leyenda.
Aún diré más. Creo que Jack Bauer, héroe de acción donde los haya, símbolo de fortaleza e intrepidez, aprende del imperturbable Harry. Y es que Don Siegel firma aquí la primera de una saga -luego vendrían, recuerden, Magnum Force y The Enforcer- de policías corruptos memorable… por supuesto, no apta para todos los públicos. Los protagonistas están a la altura, el antagonista resulta odioso, la historia vale la pena, el montaje consigue mover al suspense y el guión (aquí en PDF) regala monólogos únicos, como el famoso: Ya sé lo que estás pensando: “¿he disparado seis o sólo cinco veces?” La verdad, con todo este ajetreo yo también he perdido la cuenta, pero dado que esta pistola es una Magnum 44, el arma más poderosa del mundo, que puede volarte la cabeza de un tiro, sólo tienes que responderte a ti mismo: “¿es mi día de suerte?”
Discúlpenme si mis últimas entradas están limitándose a escuetas críticas de películas. Pero es que, oigan, hay mucho cine bueno por descubrir.
Es tal vez el mejor western jamás filmado: la quintaesencia del cine psicológico, de la interpretación, del montaje, de la banda sonora, del guión (aquí, un buen análisis).
Por todos es sabido que la historia está narrada en tiempo real (84 minutos exactos), que, pese a la tensión y la intensidad creciente de las escenas, apenas hay disparos, que el peso de la película recae sobre las acciones pausadas del sheriff protagonista, que ante todo se plantea un fabuloso interrogante sobre el deber moral y que hay un sabio elogio al buen obrar.
Y es que si Grace Kelly se erige como la chica de insuperable belleza y corazón noble que todas las mujeres querrían ser, el Marshal Kane (inconmensurable Gary Cooper) encarna, en definitiva, la valentía y la integridad… el hombre al que nos gustaría asemejarnos.
Dejo la escena inicial. No hay palabras para explicar cuánto esconde la canción Do Not Forsake Me, Oh, My Darlin, compuesta por Tiomkin, escrita por Ned Washington e interpretada por Tex Ritter. Sí garantizo que avanza la esencia de una película que cautivará al espectador definitivamente:
Como ya hicimos recientemente con Knight and Day, vuelvo a presentar un pequeño ejercicio de análisis de estructura de guión. En este caso, la elegida -dentro de los parámetros del “cine corriente y moliente”- es Unstoppable (Tony Scott, 2010). Una película mucho mejor en todos los sentidos que la ya citada Knight and Day. Para empezar, cuenta con mejores intérpretes y un director con un pulso excepcional: acordémonos de Enemy of the State, Spy Game, Man on Fire…. Y ante todo, el guión es bueno. Mucho más sólido y con un desarrollo de los personajes mil veces más profundo. Aunque quizá un poco cargado de tecnicismos ferroviarios y demasiado invasivo en términos de planificación. Pero merece la pena.
Pequeña Miss Sunshine es de esas películas que te reconcilian con Hollywood, con las historias sencillas, con los guionistas audaces.
La he visto cuatro veces y creo que, aun gozando de un reparto excelente, en último término sobresalen dos intérpretes. La primera, Abigail Breslin, una desconocida niña que, aunque se las da de gordita, fea y repelente, al final logra encandilar a la mitad de audiencia. El otro es Steve Carell, que ya despuntó en Melinda y Melinda, de Woody Allen, y que aquí borda el rol del hermano homosexual obsesionado con Proust.
La película se estrenó en el Festival de Cine de Sundance en 2006. Se trataba de una nueva road movie, algo que por entonces parecía destinado al fracaso o al sopor. Sin embargo, eltono cómico de la historia, los diálogos inteligentes, el mensaje final y la crítica lúcida a los estándares actuales de belleza eran elementos más que suficientes para ganarse al público y a la crítica. Con razón.
Gran parte del mérito del largometraje corresponde al guión (aquí en .pdf) de Michael Arndt, que combina con acierto la tragedia y la comedia sin que decaiga, jamás, el ritmo vitalista y desenfadado. Brillante.
Dejo el trailer. Y, por favor, si pueden, véanla en V.O.
Que nadie se rasgue las vestiduras. De vez en cuando viene muy bien un poco de cine de digestión ligera (aviso de que tengo en camino un jugoso artículo en apología del “cine de palomitas”). Y muy pocos o ninguno se dan cuenta de lo aleccionador que resulta estudiar a fondo esas películas “de baratillo”. Porque la mayoría (de las películas) lo son, y además la mayoría se producen, y la mayoría ganan dinero: o sea, que gustan. Y además están –en su mayoría, otra vez– llamativamente cortadas por el mismo patrón. Un ejemplo: Knight and Day (Mangold, 2010). Aquí dejo colgado el guión original (que sufrió importantes cambios en reescritura) y, a modo de ejercicio, un análisis de la estructura de la historia. Todo ello en inglés. Y por supuesto, con spoilers.
Cinco minutos de gloria, Oliver Hirschbiegel (2009)
Espero poder suplir mi falta de entradas con la recomendación de un filme verdaderamente valioso. De esos que conmueven. Hablo de Cinco minutos de gloria (2009).
Pero, por supuesto, en lugar de avanzar el guión y destrozar la historia, prefiero ofrecer unos pocos elementos que convenzan al lector de que debe ver la película en cuanto disponga de 85 minutos escasos. La dirige Oliver Hirschbiegel, sí, el mismo que nos regaló El hundimiento en 2004 y nos horrorizó poco después con la fallida Invasión. La protagonizan Liam Neeson -un actor como la copa de un pino, más aún tras su trabajo en este filme- y James Nesbitt -por desgracia, algo desconocido para muchos, pero genial en varios de sus papeles… y no digamos en el que aquí nos ocupa-.
En la historia hay IRA y hay venganza. ¿Temas manidos? Quizá, aunque desde luego no el modo en el que los aborda el guión. Un guiónpausado, sabiamente comedido y que invita a una reflexión pertinaz y profunda sobre el perdón. Ahora dejo tan sólo una escena-monólogo magistral, tan sabrosa, pulcra y cercana que parece teatro:
Como bien ha comentado Chema recientemente, en realidad no nos hemos ido. De ahí que no esté de más volver sobre un filme reciente, de esos que no suelen dejar indiferente, que agrada a la mayoría del público y que, sin embargo, es causa de críticas muy dispares entre los especialistas. Hablo de En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008).
Avanzo mi opinión desde el principio, para que conste: fue una producción sobrevalorada y que no se merecía 6 oscars de la Academia. O sea, claro que aborda el tema de la manida guerra de Irak desde una perspectiva curiosa, planteando una faceta bélica original y bastante desconocida para muchos de nosotros, los civiles, a saber, la de la desactivación de explosivos. El espectador se enfrenta a los consabidos conflictos de guerra y soldados, sí, aunque esta vez lo hace atendiendo a los riesgos que asume una brigada artificiera. Pero el guión, a la postre, se limita a exponer una serie de intervenciones por parte del comando protagonista: intervenciones inconexas entre sí, separadas por el tiempo sin orden ni concierto y cuyo mensaje final resulta injustificadamente lúgubre. Por no decir nihilista.
Un punto muy a favor del guión, creo, es la acertada carga psicológica del protagonista (brillante Jeremy Renner), porque describe con claridad y acierto la adicción que una guerra puede producir en los soldados. Hay buen suspense. Aunque, la verdad sea dicha, los comportamientos de tal personaje resultan exageradamente temerarios.
La otra nota sobresaliente, los paisajes jordanos.
No conocía de la existencia de este sujeto hasta hace una semana, cuando los alumnos del SFTV de LMU fuimos invitados a una masterclass con Brian Helgeland. Eché un vistazo a su perfil de IMDB -tal y como deberíais hacer ahora mismo- y me maravillé: se trata del guionista que firmó la magnífica “L.A. Confidential“, y tantos otros títulos importantes como “Conspiracy Theory“, “Man on Fire” y “Mystic River“. E incluso la reciente “Robin Hood” de Ridley Scott.
Recojo a continuación algunos de mis apuntes tomados durante la citada masterclass (sólo son notas personales, nada es literal):
Escribe todas tus ideas, todo en cualquier momento y lugar. Algunas de esas ideas simplemente desaparecerán (y las encontrarás entre tus papeles, un par de años más tarde) y otras seguirán volviendo a tu cabeza como tiburones alrededor de la balsa del náufrago.
¿Esquema, tratamiento? No veo la diferencia: mis historias siempre empiezan con un párrafo y luego crecen, y crecen… todo al mismo tiempo: la trama, la estructura, los personajes…
Cuando me quedo bloqueado en alguna parte de la historia, casi el 90% de las veces me doy cuenta de que la causa es esa escena del primer acto que tanto me gusta… y que debo eliminar.
Cada secuencia de acción debe revelar algo sobre la historia, el personaje, etc. Y se debe establecer de antemano un problema realmente difícil, para que esa secuencia que lo resuelve sea verdaderamente entretenida.
El pitch: evita que tenga lugar después de comer… Y lo mejor que puedes hacer es sonar convincente, como quien ama su propia historia.
Se aprende a escribir escribiendo. Cada guión es tan específico que se aprende todo sobre él mientras se escribe. Por eso es bueno haber hecho malas películas también: se aprende mucho… y nadie las conoce.
Nunca he visto un gran guión que no llegue a ser producido. Si es realmente bueno, va a funcionar. Por lo tanto, si quieres que llegue a alguna parte, sólo necesitas lograr un objetivo: ¡emocionar al lector!
Diálogo: lo suelo escribir todo del tirón, y una vez terminado lo leo en voz alta. Y desde ese momento sólo intento abreviarlo. El diálogo no es como la realidad: en una conversación normal, absolutamente nadie dice una frase completa…
Trabajo todos los días. Me gusta empezar temprano en la mañana, y siempre tener mucho tiempo por delante (si sé que tengo una cita a las 10AM, no puedo empezar a escribir a las 8…)
[Preguntado sobre sus tres películas favoritas]: una de ellas es “¡Qué bello es vivir!“.
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder