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Olley Olley ocean free

20 junio, 2010

posted by: José Manuel López

Terminados los 9 cuentos de Salinger (me quedo con dos: peces plátano y Teddy) es momento de  llegar hasta el final de una de las más reconocidas biblias del guionista. Una profesión de putas es un libro indispensable para cualquier persona – ya sea aficionada o profesional – de la dramaturgia o arte de contar historias. Cine, televisión, teatro, literatura, radio… cualesquiera que sean los campos en los que siembras,  David Mamet siempre puede aportar algo. Precisamente su currículo  le avala: novelista, ensayista, autor teatral, dramaturgo, guionista y director de cine. Una mente brillante, portador de ideas también discutibles, que firma obras como: The Postman Always Rings Twice, Wag the Dog, Glengarry Glen Ross (por la que recibió un premio Pulitzer) o The Untouchables, entre otras muchas.

Según él mismo, la totalidad de su obra se sustenta en dos ideas fundamentales: 1) Todos los aspectos de la producción deberían reflejar la idea de la obra; 2) El propósito de la obra es llevar al escenario la vida del alma humana.

Además de ejemplos autobiográficos, literarios y cinematográficos, Mamet desarrolla su tesis de una forma amena – incluso novelística- en la que encontramos mareas de información lo suficientemente relevante como para subrayar, memorizar, y en este caso, transcribir en el primer sitio en el podamos hacerlo.

«Respondemos a una obra teatral en la medida en que se corresponde con nuestra vida onírica. La vida de la obra es la vida del subconsciente, el protagonista nos representa a nosotros mismos y la acción principal de la obra constituye el tema del sueño o mito. No es al tema de la obra a lo que respondemos, sino a su acción: el desarrollo de las acciones del protagonista y el apoyo concomitante de los personajes secundarios [...] La obra es la búsqueda de una solución. [...] Si la cuestión planteada puede resolverse racionalmente nuestro disfrute de la obra no es completo, puede entretenernos, pero no nos deja satisfechos. Sólamente si la cuestión que se plantea ofreca tal complejidad y profundidad que no resulta susceptible de una análisis racional puede parecernos adecuado el tratamiento dramático y esclarecedora la solución dramática. »

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