RTVE, el mayor grupo audiovisual del mundo en español con emisiones presentes en los cinco continentes, se marcó como uno de sus objetivos la digitalización de su archivo histórico de vídeo. El anuncio de que pondría a disposición de los usuarios más de un millón de horas de programación abrió el apetito de ricos y pobres.
Además, por un lado dispone de colecciones especiales dedicadas, por ejemplo, a los 20 años de la caida del muro de Berlíno los 15 cumplidos por La 2 Noticias. Y por otro, tenemos a nuestra disposición Música de archivo y, como no podía faltar, una amplia información sobre cine y televisión: seriesen emisión y clásicos de la pequeña pantalla (Verano azul, qué grandes momentos), programasactuales y míticos y películas. También el deporte tiene su espacio.
En fin, estamos ante un proyecto aún en sus inicios comienza a tejer una maraña informativa y de entretenimiento virtual de colosales dimensiones. Una web para tener en cuenta, un lugar para detenerse con asiduidad.
¿Qué es un guionista? Probablemente muchas cosas al mismo tiempo. Pero una de ellas es la persona capaz de crear, a base de su imaginación e improvisación, una historia apasionante. Y además estamos acostumbrados a que lo haga en poco tiempo. Por eso Canal+ France lanzó este spot para televisión, cuyo slogan final dice más que mil palabras: “nunca subestimes el poder de una buena historia”. Fantástico.
En los últimos días he estado examinando la blogosfera -lo hago con cierta frecuencia- y me he enterado del nacimiento de BloGuionistas. Cito su “About”:
Blog colectivo de guionistas españoles. [...] La intención de este blog es dar voz a los profesionales del guión. Cada uno de nosotros escribe aquí con total libertad, y es responsable sólo de sus propias palabras. No hay patrocinadores, ni redactor jefe, ni una línea editorial.
Ya he leído algunos de los primeros posts. Es gracioso, porque son muy interesantes… y al mismo tiempo estoy muy poco de acuerdo con muchas de las opiniones y perspectivas. Ahora bien: la autoridad de ser profesionales del guión les avala, claro.Para seguir de cerca.
Nadie duda que después del 11S, la guerra de Afganistán, la Administración Bush y la Guerra de Irak, los Estados Unidos de América han cambiado -como para no hacerlo. Y eso se nota en su ficción nacional, que es -entre otras cosas- espejo de la sociedad y la cultura. Evidentemente, la demostración de éste hecho no es Prison Break, pero la serie sí contiene algunas manifestaciones particulares, que enumero para la reflexión del lector.
Los malos de la película: ¿dónde se han ido los amenazadores alemanes, rusos, o incluso musulmanes? ¿Se han ido todos de vacaciones? Bienvenidos a la nueva ficción, en la que los nuevos malos son americanos, miembros de las instituciones públicas e incluso altos representantes del pueblo…
Los escenarios de la conspiración: ¿alguien se ha parado a hacer recuento del número de despachos -de edificios gubernamentales- en los que se conspira contra inocentes ciudadanos? ¿Y cuántas banderas de barras y estrellas flanquean a esos malvados tiranos? El simbolismo es evidente, pero indiscutible.
La desconfianza en la justicia: la permanente dialéctica entre la postura de Verónica Donovan y la de Michael Scofield -recurrir o no a las vías legales-, ¿a dónde va a parar? ¿Qué nos quiere decir? No es descabellado pensar que hay un cierto mensaje de demonización del -supuesto- papel protector del Estado. A un nivel más doméstico, vale como ejemplo la corrupción reinante entre los guardias de la cárcel…
El mito del “racismo superado”: los EE.UU. son el país de la libertad, de la tolerancia, a pesar de su oscuro pasado de vergonzantes enfrentamientos racistas. Enfrentamientos que hoy, aunque no se acabe de reconocer, siguen en pie en el ámbito social, como ya se demostraba en Crash. Y como bien demuestra el ambiente carcelario de la penitenciaría de Fox River.
Siempre se dice que los pilares de la narración descansan en los personajes. Deben ser sólidos, coherentes y -sobre todo- atractivos. En esto, Scheuring tampoco falla: porque los buenos son buenísimos; y los malos… también. Además, la estrategia dramática que sigue la serie es la de los personajes complementarios. Todos se necesitan entre sí por una razón o por otra. En la línea de personajes principales, ninguno es prescindible. Los problemas de unos y otros, por separado, ponen en peligro la fuga de igual forma.
Y además, se hace un uso brillante de los secretos. Todos los presos esconden algo que les mueve a desear la fuga de forma especial. Ninguno escapa porque sí, porque mejor fuera que dentro. Hay más: el falso culpable que quiere recuperar su inocencia; el hombre que desea desesperadamente volver con su familia; el odioso criminal que espera el momento de vengarse… Y ese reparto de pasados ignotos da renovados impulsos a la tensión y al interés, cada vez que el guionista lo necesita.
Todos recordamos, probablemente, esa hitchcockiana definición del suspense, hecha a base de bombas bajo el asiento del protagonista. Para no alargarnos, la teoría al respecto puede resumirse en una frase: el espectador sabe algo que el personaje ignora (ironía dramática) y esta situación genera un estado creciente de tensión (suspense).
Prison Break hace milagros a este respecto. Lleva las situaciones a extremos de tensión verdaderamente insoportables. Un rápido repaso mental nos trae a la memoria algunos momentos más bien convencionales, propios del género (la clásica gota de sudor que resbala por la frente de Scofield); pero también otras situaciones más elaboradas y angustiosas (la ausencia en el recuento para tomar la decisión sobre English, Fitz o Percy; la violenta irrupción del nuevo compañero de celda; la alfombra que debe ser colocada en el cuarto de los guardias… no digo más).
La máxima expresión de este suspense tiene lugar al final de cada uno de los 22 capítulos de la 1ª temporada: todos ellos concluyen con un sensacional cliff-hanger (la explicación, aquí). Son trucos de eficacia demostrada: el espectador queda boquiabierto y piensa: “es imposible, no puede salir de esta”. Y entonces acciona el mando a distancia para ver el siguiente capítulo…
* Prometo hablar de los personajes, los temas que laten bajo la frenética estructura de la serie, y algunas cosas más.
Invertir los tópicos, dar una vuelta de tuerca a los lugares comunes, siempre suele ser un acierto. El esquema clásico de fuga -o sea, deprison break en sentido genérico- diría algo así como: hombre inocente es encarcelado injustamente, llega a la prisión, aprende a sobrevivir en un entorno hostil, reúne unos cuantos amigos fieles, traza un plan de escape, las cosas se tuercen, están a punto de ser descubiertos, pero al final… lo consiguen.
O bien: un delincuente que no tuvo elección a la hora de cometer su crimen, cae bajo las pesadas leyes de una justicia ciega y deshumanizada; es encarcelado, vive desesperado en un infierno diario… hasta que se le presenta la oportunidad de escapar.
Así funciona la tradicional trama de fuga carcelaria.
Pero Scheuring la transformó, le dio la vuelta en la archiconocida serie televisiva “Prison Break“. Y bajo una nueva perspectiva escogió a un hombre inocente cuyo hermano -víctima de una conspiración- ha sido injustamente encarcelado: para ayudarle, comete un delito, es internado en la misma prisión; y se lleva consigo, tatuado en el cuerpo, un espectacular plan de fuga. Esta mera modificación introducida en la premisa dramática ya es una novedad digna de elogio. Es el primer ingrediente que ha hecho de Prison Break un gran éxito de crítica y público.
Y hay otros asuntos, que comentaremos en sucesivos posts: el suspense; el cliff-hanger; los personajes; la temática política y social; etc.
El Asesino en Serie -un auténtico diseccionador de la ficción televisiva, que en su día me recomendó Nahum- trae a colación en su último post “No pasa nada” una cuestión muy interesante: No basta sólo con que ‘pasen cosas’, porque no se trata tanto del qué como del cómo. Por lo visto, un comentario blogosférico dejó caer que “ya basta de series en las que sólo pasan cosas”…
Me imagino que los estudiosos de la materia ya habrán agotado todas las posibilidades, pero no me resisto a sintetizar mi opinión:
Los acontecimientos (ese “pasan cosas”) impulsan la narración, la dotan de interés. Son como su columna vertebral, sin ellos no hay historia, o si la hay no se tiene en pie.
Llevar al extremo la narración basada en acontecimientos puede agotar al espectador, y lo que es peor, anular su capacidad de reflexión.
El lirismo de la forma es importante en cuanto que “envuelve” la historia de una “papel de regalo” atractivo, luego no se puede prescindir de esta curiosa forma de ornatus.
Y una vez más, llevar al extremo la narración basada en lirismos poéticos y exclusivamente formales suele degenerar en un producto difícil de digerir. O sea, el común coñazo.
El Asesino en Serie (que a todo esto, se llama Alberto), en mi opinión, se pasa por el extremo de infravalorar la necesidad de los nudos de acción -los que hacen que “pase algo”-, pero también apunta una idea muy interesante que espero sirva de conclusión: Los grandes contadores de historias no lo son por lo exhaustivo y abigarrado de sus relatos, sino por su claridad y su fuerza. O sea, que queremos narraciones bien narradas.
En este tema soy totalmente inepto. Pero ya nadie duda de que hay magníficos guiones y guionistas en la televisión. No hay más que echar una ojeada a esas series americanas que se están merendando el pastel del mercado a un ritmo de vértigo (Prison Break, Lost, Heroes, The West Wing, House…) El dominio que estos señores ostentan de las técnicas narrativas lo hemos experimentado todos cuando acabamos un capítulo y queremos ver otro (prometo hablar más adelante de este fenómeno, conocido como cliff-hanger).
Hace unos meses, Nahum dio el campanazo con un magnífico artículo en Nuestro Tiempo, titulado “Diamantes en serie”. El término -si no me equivoco, acuñado por él mismo- no podría ser más expresivo. Porque por ahí se van emitiendo auténticas piedras preciosas, que -cuando tenga tiempo- trataré de conocer más a fondo. Poco a poco.
El caso es que ahora Nahum se ha lanzado con otro blog que merece la pena, y que lleva el mismo título: “Diamantes en Serie“. Pasa ipso facto a mi columna de enlaces, y aconsejo que pase a la lista de visitas recomendables de todos los presentes. Una gozada.
El cine es un arte maravilloso y cautivador. También lo es la literatura. 'Scenas de Guión' es para disfrutar con las artes narrativas, en general. Porque pueden enseñarnos mucho acerca de la vida. Y porque, practicándolas, también podemos enseñar mucho a los demás.
Aquí encontrarán cuestiones variadas acerca del guión cinematográfico; crítica de cine; escenas míticas, y otras reflexiones. Quizás, también, algo de literatura y artes visuales... que lo disfruten.
"Una película tiene tres elementos fundamentales: el guión, el guión y el guión".
Sir Alfred Hitchcock
"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense".
Sir Alfred Hitchcock
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en ocho semanas os mostraré a los tres tipos más nerviosos que hayáis visto".
Groucho Marx
"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo".
Billy Wilder
"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate".
Billy Wilder